jueves, 12 de enero de 2012

Mi amigo el tráfico...

Cuando me volví asidua consumidora del servicio de transporte público, me la pasaba lamentando no poder acceder a mi precioso vocho negro. Lamentaba utilizar hora y media de mi tiempo para llegar al trabajo y otro tanto para regresar a casa. Pensaba, cual autora del romanticismo, en lo bien que me vería manejando un carro, con la ventana abajo, la música a medio volumen para no distraerme y la velocidad de mi lado.

Hace poco, tuve la oportunidad de utilizar cierta camionetita hermosa para comenzar a trasladarme de un lado a otro. Recordé lo hermoso de tener un volante suave en mis manos, lo rápido que se puede reaccionar ante cualquier eventualidad, además de las mil decisiones que se deben tomar en cuestión de segundos. Pero, como buen escritor clásico, no pude seguir evadiendo mi realidad, la confronté. 

La parte rosa... 

Me tardo menos en llegar a cualquier lado porque sigo una ruta más directa, sin necesidad de hacer paradas cada diez minutos. La camioneta es suave, me cubre del frío, es relativamente fresca en el calor, no huele de manera extraña. Al principio me costaba mucho trabajo dominar la cuestión de las dimensiones, sin embargo, ya mi cerebro se puso a trabajar un poco en ello. 

Me he vuelto menos ferviente en mis rezos, ya no es necesario buscar una forma de amortiguar el golpe después de un tope. También me he vuelto un poco más respetuosa porque no le recuerdo al chófer a su madre o su abuela. 

La parte verde gris...

Utilizar una camioneta es sumamente caro. El consumo de gasolina por kilómetro es realmente alto. Me hace evaluar qué me sale más costoso: utilizar el camión o ponerle gasolina cada tercer día. Por otro lado, es importante estar al pendiente de cualquier ruido o falla porque ahora soy la responsable del auto y de quien me acompañe.

Algunas de mis rutas preferidas son por carretera porque logro zafarme de los semáforos. La cuestión es que me gusta manejar como viejita y así no puedo hacerlo. Sin quererlo, comienzo a tensar todo mi cuerpo, de repente olvido el significado de respirar profundo. Para aderezarlo todo... el sol no siempre es mi amigo, aunque traiga lente obscuros, a veces él quiere hacerme repelar, obligándome a utilizar mi habilidad para manejar a pesar de su brillantez. En ese momento preferiría manejar de noche. 

Lo negro... negro... negro... (¿así o más exagerado?)

Ya no puedo dormirme mientras el tráfico nos hace avanzar a la grandiosa velocidad de veinte kilómetros por hora. Y lo sé porque en mi ciudad, en algunas zonas, hay un velocímetro que refleja en un panel la velocidad del conductor. 

¿A qué viene mi queja?, muy sencillo... mi ciudad tiene alrededor de un millón de personas viviendo en ella. No es mucho en realidad. Tiene algunas vías rápidas interesantes, avenidas que si se pueden llamar así, calles hermosas, colonias de todo tipo, edificios modernos y antiguos (el centro es patrimonio de la humanidad). Es todo un estuche de monerías.

Pese a eso, los gobernantes han concebido la necesidad de modernizarla. Es entonces necesario hacer una serie de obras interesante que obstruyen las principales vías rápidas de la ciudad. En vez de ayudar al flujo de carros, en un recorrido que originalmente era de veinte minutos para atravesar la ciudad, ahora puedes hacer alrededor de una hora. En tramos donde tardabas cinco minutos en cruzar, ha aumentado a un total de una hora. Hay varios cuellos de botella derivados en parte a la poca organización y mucha competencia entre el Gobernador priista y el presidente municipal panista. Han olvidado la importancia de ponerse de acuerdo para que una obra no dure más de un año. 

Ahora bien, si el tráfico fuera un alto total, pues me relajaría dentro de mis posibilidades, me pondría a escuchar música o de plano a leer, lloraría mi mala suerte y después reclamaría al cielo el hecho de que no les proporcionara un poco de sentido común a nuestros dirigentes... ese no es el caso... hay que manejar con las piernas tensas, aunque el lado positivo es que posiblemente las estoy ejercitando un poco, para no perder el control entre el freno y el acelerador. Se debe estar al pendiente de la distancia con el de adelante porque nunca falta la persona que transpira inteligencia y cree que la distancia de dos carros en carretera es para darle oportunidad de entrar. 

Además de eso, debo controlar mi miedo a los famosos trailers y camiones de redilas. Como todavía me falta un poco de práctica en unidades largas, es muy fácil que no me dejen pasar a pesar de mi direccional. O aquellos que al ver la direccional es permiso para acelerar y no dejarte entrar en el carril. El estrés al manejar ha regresado a mi vida, pues en mi ciudad, los conductores no tienen malicia, piensan que los demás los van a cuidar, haciendo un caos por cuestiones pequeñas. 

Aun así... prefiero manejar 

miércoles, 4 de enero de 2012

Puntadas de estudiantes...

El ser maestra a nivel medio superior y superior me ha traído una serie de consecuencias un tanto extrañas:

1. Tengo práctica en marear a los alumnos (excepto cuando mi hermano tomó clases conmigo, es demasiado intelectual para dejarse cuentear por mí)
2. He desarrollado la virtud de dioses llamada paciencia, nunca pensé que tendría tanta para no cometer homicidio múltiple
3. He aprendido a tomar las cosas de quien viene
4. Me he divertido como enana con algunas puntada.

Así que ahora contaré algunas anécdotas con estos muchachos.

1. Recuerdo que hace muchos años yo daba clases de biología (no me pregunten cómo caí ahí, en especial porque estudié ciencias de la comunicación) y honestamente no sabía mucho de la hemofilia. Aunque estudiaba para no hacer el oso, la verdad es que había cosas un tanto desconocidas para mí. Y cuando me preguntaron de qué se trataba la enfermedad, cómo funcionaba y cuál fue su origen, pude responder bien la primera pregunta pero dejé que el grupo contestara las otras dos, eran estudiantes bastante informados. Así pues, haciendo uso de mi LCC power, como decíamos en la escuela, armé la información para recuperar mi rol de maestra honoraria. Aunque he de aceptar que a veces si me he declarado ignorante en el tema, llevándome tarea a casa.

2. Lo siento por mis alumn@s si alguna vez leen esto, pero si debo ventanearl@s.
  • Una vez me preguntaron cuál era la expresión correcta, si "bien mucho calor" o "bien harto calor", la verdad tuve que hacer acopio de todas mis fuerzas para no reírme, no de mi alumna, sino de su suegra que la corrigió y le dijo naca por no utilizar la primera expresión. Le expliqué de la mejor manera que si con una sola palabra puedes explicar lo mismo, no se debe desperdiciar el lenguaje. Simplemente se decía "mucho calor" y asunto arreglado.
  • En la clase de sociología pregunté en un examen por el concepto de Guerra Fría, y me respondieron que fue una guerra que se dio durante el invierno. No supe si llorar o reír.
  • Cuando a los de comunicación les pregunté por el canal de distribución de un producto y todos describieron el canal del mensaje... comienzo a cuestionarme si leen instrucciones
  • Otra vez entré en una especie de discusión con un joven aspirante a futbolista profesional, en donde trataba de explicarle por qué era importante conocer la historia y saberse expresar correctamente, en especial si vas a ser figura pública. Lo más chistoso fue cuando me dijo que Benito Juárez había sido lo peor para México porque una maestra de historia (a la cual aparentemente respetaba mucho) le había dicho eso, pero no supo explicarme por qué. Todavía peor cuando se me ocurrió decirle que ser futbolista era más sencillo que ser obrero. En verdad, pude ahorrarme una hora de argumentación vana.
  • A veces respiro profundo cuando me dicen que no importa si escriben acentos o no en español, al fin se entiende. A lo que siempre respondo, no es lo mismo decir sólo o solo, o bien, méndigo que mendigo.
  • No entiendo como es que la primera propuesta de una campaña de publicidad, o sea, un bosquejo de la imagen se transforma en la distribución del presupuesto. O que jóvenes estudiantes de mercadotecnia no tengan ni la más remota idea de cómo desarrollar una evaluación, cuando parte de su trabajo es ese. 
  • Y ya para terminar, la mejor de todas. No entiendo cómo los alumnos pueden dormirse en clase literalmente, en una banca fría, durante una hora. Tengo una pequeña galería con sus fotos, al parecer mi colección se agrandará con los muchachos universitarios. 
3. Los alumnos de preparatoria abierta, en algunos casos, son alumnos cuyas oportunidades se han agotado. Algunos de ellos desvían su frustración hacia el maestro, volviéndolo objeto de su odio. Así pues, están al pendiente de cuanto defecto puedan sacarte. Gracias a ellos aprendí a hacer oídos sordos a palabras necias. Aprendí a reírme de mí misma, como cuando me como letras o cambio las palabras o escribo una idea incompleta. 

En la universidad me ha costado más con un alumno soberbio con tintes de arrogante que cree saber más que sus maestros. Capaz de corregir al profesor, pero cuando se le pide retroalimentación para su compañero de clase no sabe qué decir... tal vez todavía le falta aprender un poco de la vida. Después de eso, descansé un poco. Son unos polluelos después de todo.

4. Los muchachos de preparatoria abierta son un poco más ocurrentes que los jóvenes universitarios. Una anécdota de la cual todavía me acuerdo como si fuera ayer fue la vez que dos de ellos llegaron ebrios a la escuela. El estudiante Tino se fue con Nini y otros compañeros antes de terminar las clases, como quien dice, se fueron de pinta. En vez de hacer lo lógico en donde se van a resgarduar en casa de un amigo, o en su defecto, en su propia casa lejos del alcance de sus padres regresaron a la escuela. 

El joven Tino, que ya había tenido un incidente antes (sin tanto alcohol en las venas, le recomendé irse a tomar un café), mencionó la posibilidad de bajar su borrachera con un café. En realidad mi intención era correrlo de mi salón de clases. Mi escritorio solía estar del lado contrario a la puerta, al ser un espacio pequeño, las bancas estaba casi pegadas al escritorio. Pues bien, Tino tuvo la feliz ocurrencia de irse a sentar justo en frente de mí. Estaba tan alcoholizado que destilaba una pestilencia por tooooodo el salón. Traté de convencerlo o exigirle su salida de mi sacro santo recinto, haciendo caso omiso, comenzó a decir un montón de tonteras dignos de su estado. Para colmo ese día tenía salón lleno. Los demás jóvenes estaban entre divertidos y un tanto desconcertados. Nini sólo estaba sentado en la cafetería "disfrutando" su tarde.

Lo más divertido fue que cuando pasó el director fuera del salón. Tino se asustó bastante mientras los demás nos reíamos de su mala fortuna. Comenzó a pedir perfume como desesperado, alguien le pasó un desodorante en aerosol. Se echó en el cuerpo, el cuello, las axilas y el cabello. Así que su pestilencia, en vez de desaparecer fue peor. Justo acaba de aromatizar el ambiente cuando el director lo pescó. Se lo llevó del salón, le pidió una disculpa a los demás y me dio permiso de ir por un ventilador para obtener un aire menos viciado. Sus compañeros le recordaron todas sus lagunas durante meses. Tino no podía creer lo que le contaban, pero al ser yo un testigo presencial, no le quedo otra más que aceptar lo hecho.

Tino y Nini fueron suspendidos...

Al final puedo decir que disfruto más de lo que yo quisiera dar clases. Es bonito sembrar semillitas en los muchachos, aprender con ellos, aprender de ellos. Mi única queja es que deberían pagarnos más por aguantar a tanto mocoso. 

¡He dicho!



martes, 27 de diciembre de 2011

Entre fiestas me veo...

En la época de fin de año es gracioso ver cómo se dividen los personajes. Unos aman estas fechas porque significan fiestas, regalos, excesos aparentemente sin culpa. Para otros, es tiempo de transpirar su frustración, las ganas de gritar porque están o se sientes solos, o simplemente las ganas de hacerle pasar un mal rato a los demás para hacerlos sentir ese sufrimiento que cargan sobre sus hombros. 

Para mí, es sinónimo de una semana de relajación, de comer delicioso, recibir puros buenos deseos y estar a gusto con mi familia. El punto a resaltar son las hermosas vacaciones a las que me hago acreedora gracias a mi labor en alguna institución educativa en este país, ¡he dicho!

En casa, mis tradiciones favoritas son:

  • Comer espaguetti o rabioles con el sazón de mi mamá o de mi abuelita. La verdad les queda mejor que en el restaurante más caro del mundo -el cual por cierto no he visitado y no sé cuál sea, y no me importa ser barbera si voy a volver a comer el siguiente año estas delicias-
  • Me gusta el pavo con adobo y la pierna rellena de mi abuelita.
  • No comer bacalao o romeritos -a lo mejor soy la excepción a la regla porque en verdad agradezco no comerlo todos los años-
  • La ensalada de manzana, entre más sea mejor. 
  • Cuando vamos a la casa de mi abue, amo los pasteles que mi tía compra en "Palmeros", ¡esos sí son pasteles!
  • A pesar de mis quejas por la música, adoro escuchar a cantantes como Rocío Dúrcal, Juan Gabriel, José Alfredo Jiménez, o bien, los géneros de salsa, cumbias, merengues, o lo que se le parezca... eso quiere decir que estamos en familia, escuchando la misma música de mi infancia.
  • Cuando está la familia completa, me gusta la actitud de el que se lleva se aguanta o todos contra todos. Así como te burlas de alguien, después se van a burlar de ti. Es un buen entrenamiento para las batallas en el mundo de afuera: Si así te trata tu familia, qué puedes esperar de los demás. 
  • Comer el recalentado en el campo de guerra con toda la flota. Las tortas de pavo adobado con frijoles son lo mejor. 
  • Una de mis preferidas es ir al cine el día 25 y el día 1o en familia. 
En definitiva, creo ser muy simple en ese aspecto, prefiero disfrutar o saborear los pequeños detalles, las tradiciones simples. Me gustan estas fechas, insisto, por el descanso, la comida y la familia. 

lunes, 26 de diciembre de 2011

Los filósofos de la vida...

En realidad debería estar diseñando mis evaluaciones finales, en vez de eso, prefiero ver una película de acción y escribir sobre algunos filósofos que he conocido, a los cuales denominaré callejeros por mera comodidad.

Normalmente, las personas escuchan la palabra filosofía o filósofo y en seguida piensan como sinónimo aburrido, complejo, o bien, medio surrealista (por no decir fumado). A mí me gusta pensarlos como personas con una visión extraordinaria, capaces de entender lo signos del universo. Los imagino como quienes pueden leer entre líneas la naturaleza que los rodea. Los griegos aseguraban que entendiendo a la naturaleza, se podía comprender al universo y eso tal vez sea cierto.

La cuestión es que el otro día estaba yo sentada con un maestro colega, y él me hablaba de su niñez, su adolescencia dentro de un barrio-vecindad, de sus visitas a las cantinas y lo divertido de ellas. Me platicaba que una vez, en otro estado, había entrado a una y se sentó a tomar su cerveza en la barra. En el lugar también había una pareja y un músico con guitarra aderezando su momento. Después, según me contó, llegó otro músico argentino con un acordeón para seguir amenizando el lugar. Había magia en el momento, en disfrutar la cantina, el alcohol y el romance. Según él, a los muchachos actuales les hacen falta lugares así para disfrutar de la vida, sin la inmediatez que los envuelve. Eso me recordó a aquel autor que dedicó un par de poemas a su cantina preferida, la cual funcionó como musa en su labor artística. 

El otra ocasión, un maestro de literatura nos habla sobre una verdad universal dicha por un borracho (los mejores filósofos si me permiten decirlo): "La verdad es relativa, pero la neta, la neta es absoluta". Ante esa sabiduría callejera, ¿qué puede decir uno?, a los cuates hay que hablarles con la neta, a la cara, con el corazón en la mano, mientra la verdad es una cuestión más bien diplomática, no es de brothers, es de simple conocidos. Las cuestiones metafísicas bien entran en este rubro. Me divirtió la aclaración de aquel muchacho debajo de la venta de mi maestro, me pregunté entonces cuántas cuestiones más surgirían al calor de las copas y quedan bailando con el viento, siendo escuchadas solamente por los árboles. 

Así pues, creo importante tener la mente abierta y escuchar lo que otros tiene para compartir acerca de su visión del mundo, de su historia de vida. Los filósofos callejeros están ahí presentes en todos lados siendo las personas más entretenidas del mundo, sólo necesitan alguien que se anime a contar su historia. 

sábado, 26 de noviembre de 2011

El mundo en mi cabeza

Hace algunos ayeres, mi cabeza era sinónimo de caos, torbellinos y terremotos. La verdad es que estábamos en un situación familiar y económica un tanto difícil. Ya que han pasado los años comprendo que a pesar de todo pudimos haber estado peor, sin embargo, en ese momento yo fui incapaz de ver la salida a esos problemas. La verdad no estaba en mis manos resolverlos, ahora lo entiendo a la perfección.

Lamentablemente, mi poca madurez e inteligencia emocional provocó buscara una solución sencilla: La evasión. Así como los escritores románticos, al no tener un mundo hermoso, me inventé uno en mi cabeza. Suena raro, lo sé, pero así fue. Cuando algo no me gustaba o era demasiado fuerte para mí, lograba escabullirme a ese rincón de mi mente que representaba un santuario para mí, transformándose en el antónimo de mi caos torbellino terremoto. 

Imaginé un mundo lleno de jardines, con rosas y tulipanes. Todo verde, completamente cubierto de pasto. Dependiendo de la zona, era corto o me llegaba a los hombros. El cielo era de un color azul intenso, inundado de nubes blancas alcochonadas y un viento juguetón. En ese jardín me paseaba, jugaba o descansaba. También, como buena géminis, a veces me desdoblaba para hacerme compañía. Curiosamente siempre me imagino de vestido, con el cabello recogido, un tanto despeinada. 

El problema de poseer mi propia burbuja es que me hundí en una especie de ceguera. No era capaz de ver al mi alrededor. Sólo tenía pensamientos introspectivos, lo cual dificultaba mi relación con el mundo exterior, a pesar de tener una vida social bastante respetable. En esa época mi parte sensible estaba adormilada porque todo mi estrés, mi frustración y mi dolor se escondían en mi jardín secreto. 

Aunque suene exagerado... hubo un tiempo en que temí que ya no podría volver a este mundo...

Nada más alejado de la realidad. Algunos dicen que se debe tocar fondo para lograr pedir ayuda. Afortunadamente mi agujero no fue tan hondo y pude salir a base de mucho esfuerzo con un poco de apoyo. Fue entonces cuando mi pequeño santuario desapareció. He perdido tanto la práctica, que aunque intente concentrarme, no puedo recrear aquellas historias donde yo era una heroína hermosa, con un poder inimaginable. Recuerdo el jardín pero ya no lo siento. 

He abierto los ojos, ahora pongo más atención a lo que sucede en mi historia tocada por muchas historias más. Ahora soy excesivamente sensible, no puedo evitar pensar qué hay detrás de una cara con un asomo de sufrimiento. Imagino cada vida, imagino cómo se conectan las redes de contacto entre las personas, soy capaz de dramatizar los sentimientos y las vivencias de los demás. Ahora estoy en el otro extremo, ya no puedo huir a mi cabeza, sólo me queda aprender a equilibrarme.

Disfruto los detalles como observar la confianza de un niño en brazos de su padre, la velocidad con la que caminan los peatones, las preocupaciones de la gente alrededor. El valor, la voluntad de vivir, el sufrimiento, la generosidad. También me gusta ver cómo la gente se levanta a trabajar todos los días, se toman muy en serio su puesto de comida, son capaces de ser generosos y comprensivos a pesar de tener una situación peor que los demás. Veo detalles como la caballerosidad en un niño de 13 años, la falta de consideración a los viejos, el trabajo de las madres, de los padres, de los tíos.

Tantas cosas que ver... tantas sobre las cuales escribir... y el sentimiento a flor de piel.  Debo aprender a controlar mi torrente de emociones y canalizarlas. Creo que voy por buen camino. 

domingo, 6 de noviembre de 2011

Entre brujas y muertos...

A diferencia de otros países colonizadores, España procuró (no sé si a propósito o no) una sociedad en donde se combinaron razas, ideas, sueños, religiones, comida, entre otras muchas cosas. Las famosas castas, dice la historia, surgieron debido a una necesidad peninsular de mantener la “sangre pura” de sus colonizadores. Después de la independencia, dicha limitante desapareció, dando lugar a una sociedad hoy mestiza.

En lo personal me da mucha risa cuando escucho paisanos hablar de su ascendencia italiana, española o alemana. Si estudiaran un poquito de historia, sabrían que eso es lo más normal en nuestro país. No creo que más allá de algunas comunidades, exista en realidad una línea de sangre pura.

Así pues, ese mestizaje se refleja en diferentes aspectos de nuestra vida. Uno de ellos es la comida, en donde la tortilla española se come tipo omellet, con tortillitas de maíz y salsa de chiles toreados. Otro de los aspectos curiosos a mi parecer es la celebración de Día de Muertos.

Dicen las buenas costumbres aborígenes que el 2 de noviembre nos visitan nuestros antepasados. Para ayudarlos en su viaje, nosotros, como buenos mortales, alzamos un altar con su foto y todas las cosas que disfrutaban en vida. De esta forma, les rendimos homenaje y ellos pueden continuar su regreso a casa satisfechos.

¿En dónde se encuentra el mestizaje?, bueno, los españoles nos dejaron en paz después del principio “América para los americanos”, pero los gringitos se han propuesto invadir el mundo con una serie de celebraciones inventadas, Dios sabe de dónde, y una de ellas es Halloween, con supuesto origen en cultos paganos. 

Honestamente, no soy una persona amante de los disfraces, por lo tanto no estoy al pendiente de esta fecha. En cambio, he conocido gente que planea durante un año cómo se va a vestir el 31 de octubre. Es curioso, una de las fiestas más conocidas en mi universidad (porque al parecer hasta gente de fuera venía) era la famosa "Fiesta Monstruo", en donde los hombres aprovechaban para ser mujeres, o las mujeres se volvían dominatrix (y después lloraban porque los demás pensaban que no era sólo un disfraz) y yo me engenté en mi traje de indígena, la única vez que me aparecí por ahí.


Se me hace la cosa más divertida ver cómo piden dulces o dinero el día de Halloween a modo de broma y después van al cementerio para escuchar al mariachi y recordar a los difuntitos. Por otro lado, esta unión ha traspasado fronteras. Muchas de las películas del vecino norteño comparten nuestra tradición, la cual curiosamente se celebra todo el año y siempre hay marionetas de catrinas envueltas en procesiones. Diría el maestro Paz, el gringo respeta a la muerte mientras que el mexicano la hace su comadre. 


En lo personal, disfruto mucho el día de muertos. Me encanta ver cómo preparan los altares, conocer quién es el personaje importante, el olor de las flores. Me encanta la magia, la unión de la costumbre, la evolución de ella. Amo formar parte de esa historia, y aunque nosotros no ponemos un altar en forma, espero que mi abuelito disfrute su comida, incluyendo el postre, que le deja mi mamá cada año sin falta. Creo que es hermoso tener una tradición que le rinda homenaje a aquellos que nos dejaron atrás y fueron parte importante de nuestra historia. 



miércoles, 19 de octubre de 2011

Mi cuerpo y el ejercicio

He de confesar que nunca he sido una persona amante del deporte. Es más, en cuanto podía escaparme de él, prefería mil veces pasar mi tiempo cantando, leyendo, escribiendo, viendo una película o escuchando música. El arte es más bien lo mío. A pesar de eso, entiendo la necesidad de hacerlo. El cuerpo lo pide a gritos... o por lo menos, en mi caso, ya se estaba lamentando después de dos años sin hacer prácticamente nada más que caminar de la parada del camión a mi casa. 

Así pues, hoy fue el segundo día en mi clase de Yoga. Cabe aclarar que no es la primera vez que la practico. A decir verdad, hace como 6 años ya había logrado tonificar mis músculos y trabajar mi figura a base de constancia. Pero la vida de un proletariado no siempre da cabida a buscar la plenitud en el equilibrio espiritual... ¡ja!

La cuestión es esta: Hoy hacíamos unas posiciones bastante placenteras cuando ya logras terminarlas. Sin embargo, la frustración llegó a mí porque no pude hacer bien ni la mitad de una pose. Me desesperé mucho ya que las conozco y las llegue a hacer bien. En cambio ahora, mi pobre cuerpo no tiene flexibilidad y está todo contraído. Fue entonces cuando llegó a mi mente: "TE ODIO CUERPO"... ¡qué me cae el veinte!, el problema no es mi cuerpo, el problema soy yo porque no le he dado mantenimiento. ¡Qué fácil es traerlo de arriba a abajo sin consentirlo ni siquiera un poco! 

Entonces recordé el artículo de una revista en donde mencionaban que las mujeres somos nuestros peores jueces. Nos encontramos todos los defectos habidos y por haber, además de bombardearnos con ideas como "Eres una estúpida", "Estás hecha una ballena", "No haces nada bien" (nótese es una revista de moda). El artículo mencionaba que si un hombre nos dijera eso, de patán no lo bajábamos, y la reflexión iba a ser menos duras con nosotras. 

Un psicólogo alguna vez me compartió una técnica interesante al respecto. Decía que por cada pensamiento o juicio negativo, debía anularse con uno positivo. De esta manera se puede buscar el equilibrio en la balanza. Así que con mi cabeza más fría pensé: "Es fácil frustrarse, pero apenas llevas dos días de ejercicio, mejor disfruta tu relajación y ya poco a poco lograrás llegar a donde estabas y en menos tiempo". Todo será resultado de la constancia...

La verdad es más fácil decir "te odio cuerpo", seguiré por esa línea. 

Ya en serio, espero que en un tiempo escriba una entrada compartiendo mi felicidad por haber logrado completar una pose.