domingo, 3 de junio de 2012

Volviendo a la estudiada

Me he perdido un poco en la inmensidad de una mala distribución del tiempo. Es gracioso, a principio de año, yo pensaba tener algo así como una vida calmada, en donde sólo rezara porque me cayera más trabajo. Sin embargo, a la par de mi visión "optimista" del mundo 2012, decidí seguir buscando maestrías, tal vez ahora si podría conseguir una beca interesante para estudiar más que trabajar.

Así pues, comencé con mi búsqueda y di con un par. Una en mi alma máter y la otra en la Universidad Autónoma de mi ciudad. La primera opción no era tan interesante, pues estudiar tiempo completo, para recibir una manutención que se iba a destinar en su totalidad al pago de colegiatura - tomando en cuenta el 70% de "descuento" dado por ser ex alumna - no es precisamente algo deseable; en cambio la segunda opción era el pago del curso de preparación, para después gozar de la ayuda económica por estudiar y ya. Así pues, con todo el nervio del mundo por ser un proceso diferente a los que ya había comenzado en otro lado, inicié la gestión para quedarme en la Universidad Autónoma.

En mi trabajo sólo me dieron dos materias, pocas horas a la semana. Me apaniqué un poco porque mayor tiempo libre equivale a menor ingreso. Después, cuando me dieron los resultados del examen de admisión y la entrevista, fui seleccionada para entrar al cursos de preparación. Me emocioné mucho, no quise hacer demasiado alarde - todavía no me la creo del todo - porque todavía falta pasar todos los exámenes. La cuestión es que cambió toda mi dinámica. 

Apenas me da tiempo de leer, preparar clase y revisar todo lo que les dejo de tarea. Si hay quienes pueden con el paquete, quiero suponer que yo puedo con el paquete, aun así me ha costado volver a acomodarme a la cantidad de trabajo. No he sabido organizarme del todo y heme aquí en domingo, sacando las calificaciones del parcial. Sólo escribo para despejarme un poco. 

Así pues, mi reto será volver a ordenarme, leer todo el material, poder ser de nuevo una estudiante responsable, después de todo, debo predicar con el ejemplo. 

Es hora de seguir calificando... 

lunes, 16 de abril de 2012

Manejar un fancy car

Cuando manejaba un vocho negro perteneciente a la onda retro medio vintage, la verdad a veces me sentía como un artista. Era normal que al detenerme en un semáforo, la gente me gritara desde su carro cuánto costaba el coche para comprarlo. Incluso, para ese modelo, inflé un poco un precio hipotético que me dio mi papá y a la gente no le importaba pues decían que la onda retro medio vintage era lo suyo. 

Los vochos son carros nobles, aunque tienen un pequeño problema: El ruido y la dirección. Cuando aceleras un vocho, se escucha por toda la manzana, evitando la necesidad de utilizar un radar para localizarte. De igual forma, el dar una vuelta implica un esfuerzo extra, haciendo atractivo el deporte de levantamiento de pesas para ejercitar los brazos. La dirección es sumamente dura. 

El vocho es el sinónimo de un burrito de carga (por decirlo de una forma tierna), pues avanza y avanza y avanza, a pesar de cualquier cosa. Una vez me pasó que iba volada al trabajo, pues como siempre, calculé llegar en 15 minutos, faltando casi 10. La cuestión es que al alcanzar un poco más de 90 km/h, de repente el acelerador se hundió y yo en plena carretera. Tuve que irme a una salida lateral con puro vuelo. Ese día conocí el significado de chicote roto. Después de una regañiza de mi papá por haberme quedado dentro del carro, a riesgo de ser golpeada, él colocó un tubo grueso, logrando acelerar el carro sin el chicote. De esa forma pudo llegar al taller. En verdad, los vochos retros medio vintage son la neta del planeta.

Hace poco, tuve la oportunidad de comenzar a manejar un carro rojo no deportivo casi deportivo. En primer lugar, los pedales son suaves, no se necesita pisarlos a fondo para que funcionen. No hace nada de ruido el motor y el volante es suavecito al tacto, suavecito al movimiento. Entonces, venía yo saliendo de mi casa con el carro fancy prestado, cuando se me ocurrió ponerme en onda fresa. Saqué mis lentes obscuros, para después comenzar a escuchar el soundtrack de la serie Alias, el cual es un deleite de música electrónica e instrumental. 

Salí de mi colonia dispuesta a lucirme con mi forma de manejar la onda fancy. Fantaseaba un poco con ser un piloto tipo "El transportador", manejando un Audi a toda velocidad, sin importarme ir al frente o de reversa. Hacer un cambio de velocidades impecable, sin perder el ritmo del punchis punchis tipo Alias


Obviamente eso no fue posible. Una vez que pude salir de mi colonia, sorteando a la mujercita que entró en sentido contrario. Me encontré a otras dos mujeres que se transformaron en vivos ejemplos de la mala fama de las féminas al volante. Entre que no conocían los carriles,o bien, que al meterse a la velocidad tortuga uno les puede pegar, mi fantasía se desmoronó. En vez de manejar a 180, cual película de acción excesiva, absurda y sin sentido, tuve que conformarme con un 90 km/h, en gran medida por el tráfico. 


La verdad me gusta manejar como viejita, así que subir de 80 a 90 fue un gran logro para mí. Debo decir que ahora entiendo la sensación de manejar un carro que literalmente se desliza sobre la carretera. Alguna vez, antes de morir, he de poder manejar un automóvil deportivo, último modelo, más vanguardista que fancy

jueves, 15 de marzo de 2012

David a veces también busca pelea...

Aunque en últimas fechas me he declarado fan de las películas de acción excesiva, absurda y sin sentido, lo cierto es que prefiero aquellas en donde no hay sangre, así tengo la seguridad de encontrarme ante una historia ficticia. También me gusta cuando no dicen groserías o no se la pasan gritando como desquiciados, por eso me hice fan de Bourne, el transportador, Sucker Punch, entre otras. 

La cuestión es que me gustan los ambientes tranquilos, llenos de serenidad, con música relajante de fondo si es posible. Razón por la cual adoro las bibliotecas o las iglesias. Ahí puedo escuchar mis pensamientos y concentrarme en lo verdaderamente importante. No me gusta ver pelear a la gente, detesto que sean ofensivos y más cuando lo aderezan con un par de humillaciones. Me pone de muy mal humor eso.

Hace unos días estaba pensando en la inmortalidad del cangrejo y por qué la mosca vuela cuando me di cuenta de que se me había pasado la parada. Quedé un poco muy lejos de la entrada a mi casa, por la hora decidí hablarle a mi hermana, como papá la iba a recoger al trabajo y les quedaba de paso, le pedí que pasaran por mí, quedamos de vernos en una plaza cerca de la colonia. La plaza es curiosa porque tiene un antro, pollos rostizados, una panadería, una cafetería, una óptica y un banco. 

Estaba yo muy sentadita en una jardinera esperando a mi aventón cuando una señora dejó libre un cajón de estacionamiento. Después un joven, al cual decidí llamar David por su estatura, colocó unos conos para cubrir el lugar en las esquinas del cajón, en vez de dejarlos en medio para que indicaran que no estaba libre. En eso llegó Goliat, también bautizado así por su estatura, con ropa de vestir en una motocicleta interesante. Al ver los conos en las esquinas, decidió ocupar el cajón. 

El joven David llegó con el pecho inflado a decirle que no podía ocupar el estacionamiento porque pertenecía al antro en cuestión. La verdad no escuché bien qué dijeron, sin embargo, se notó cuando subió el tono de la discusión por la expresión del gran Goliat (quien por cierto usaba lentes). De mala gana, comenzó a irse de reversa para ocupar otro espacio cuando David, envalentonado decidió aventarle un golpe por la espalda. En ese momento, Goliat decidió bajar de su motocicleta para confrontar al joven David, quien no se detuvo ante la altura del motociclista con ropa formal y lentes. 

Yo decidí moverme de lugar cuando comenzaron los empujones, en especial porque Goliat soltó un golpe en donde los hombres se sienten hombres, para después empujarlo. David se cayó al suelo y su cabeza rebotó como balón. No sé qué pasó después porque yo estaba buscando un agujero en el cual esconderme. Ya después, volteé y había un Pepe Grillo como de 17 años calmando los ánimos. 

Goliat dejó su motocicleta en el cajón, tardando sólo cinco minutos en el banco. David se fue a sentar en un rincón, supongo que después de que se bajara su inyección de adrenalina, sentiría los golpes propiciados por Goliat. Al cabo de un rato, otra señora llegó y ocupó el mismo cajón sin que David le dijera nada. 

La verdad me pregunto si valió la pena el golpe y el susto que me dieron. David se quedó escondido en un rincón, después de un pleito por un cajón ocupado no más de cinco minutos. Goliat se fue enojado y sin ningún rasguño, me hizo pensar que los hombres con lentes no son necesariamente delicado.


Después de lo acontecido, reafirmo mi posición, prefiero ver la acción excesiva, absurda y sin sentido de las películas. 

viernes, 17 de febrero de 2012

¿Y si se los das?

Un día llegó mi hermana llegó para avisarme que mi mamá y yo iríamos a un evento de beneficencia. Se trataba de ir a jugar bingo en un casino. La idea era comprar un boleto con el cual se nos daba un desayuno de cortesía y después comprar el juego. Aunque el mismo boleto de entrada también incluía cuatro juegos de bingo. Se supone que al comprar los juegos no sólo obtenías un regalo, también ayudabas... ¿a qué?

Llegando al lugar, nos sentamos en una mesa apartada, solamente mi mamá y yo. Debo admitir que al principio me sentí un poco incómoda porque no es precisamente el tipo de ambientes en donde acostumbre estar. Sin embargo, me pareció entretenido tratar de observar a los participantes, mejor dicho, a las participante. Ya que los únicos asistentes hombres fueron un par de doctores que apoyan a la fundación organizadora de ese evento. Después se nos unió un grupo de señoras bastante simpáticas en general, salvo una, todas las demás eran primerizas como nosotras, tampoco estaban muy segura para quién era la ayuda. De pronto, una mujer amable comenzó a hablar por el micrófono. Al fin pude enterarme por qué estaba ahí: Donación de órganos. 

La verdad no sé si culpar a la religión católica, o a la extraña idea de que una vez después de muertos, el cuerpo debe ser tratado como un verdadero santuario. La cuestión es que en México no existe una cultura de donación de órganos. Mis propios padres ni siquiera quieren pensar en la posibilidad de que alguno de nosotros muera antes que ellos, así que pedirles tomen en serio la donación de órganos es un pequeño esfuerzo extra.

Los doctores asistentes conforman parte de una clínica unida a esta institución para ayudar a las personas que necesiten de un órgano. Comentaron que en mi estado había alrededor de 2 500 personas en espera de un órgano, para los cuales, tan sólo en el año pasado, sólo se pudo conseguir un total de 50 trasplantes y de 70 a 80 donaciones. Decían que no bastaba con poner en la licencia de manejo que eras donador (ese es mi caso), también era importante comunicarlo a la familia (también es mi caso). Me da tristeza saber que no se pueden conseguir ni siquiera el 10% de las donaciones necesarias. 

 Así que sólo aprovecharé a expresar mi sentir al respecto...

Si yo muero en una edad "decente" para dichos menesteres, no sé si pasaré al cielo o al infierno, o de plano mi alma padecerá los castigos del purgatorio. La cuestión es que yo ya no sentiré nada, no podré hablar, comer, jugar, bailar, de igual manera tampoco tendré hambre o pasaré frío. ¿Para qué quiero que veneren un molde vacío?, si mi muerte a una edad temprana puede ayudar a más personas, mejor servir para algo útil. Por mí, pueden aprovechar todo lo que sirva, ya sea órganos o tejidos. Si es que existe una vida después de la muerte, seguro estaré muy satisfecha de haber podido ayudar a otros.

En fin, mi reflexión es para invitar a quien me pudiera leer en pensar seriamente sobre esta opción.

Febrero loco... muy loco...

Hay veces que la realidad supera a la ficción. Bueno, cuando se trata de la ciencia ficción, la cual está basada en cálculos científicos y certeros, tiene la cualidad de profetizar. Así pues, hace unos meses estaba yo sentada en mi sala suplicándole al dios Tláloc por un poquito de agua y ahora creo que los dioses vikingos se enojaron e hicieron de las suyas para mandarnos una ola gélida.

Recuerdo haber visto en el cine una película llamada "El día después de mañana" (a lo que mi hermana bromeó, diciendo que era el sinónimo de pasado mañana) en donde hay mucha lluvia, olas gigantes y al final, el norte del continente queda hundido y en el frío. ¿Quién diría que tendríamos una onda gélida llamada algo así como un frío siberiano (creo que le nombraron así a este fenómeno)?

Haciendo caso omiso del cielo gris... y ante la necedad mía por quitarme el aburrimiento convencimos entre mi hermana y yo a mi familia para ir a Tequisquiapan (aca Tequis pa' los cuates). Es un municipio pequeño, bastante llamativo, con el clima ideal para disfrutar de una alberca. También es atractivo por las artesanías que se venden ahí. La cuestión es que Tequis siempre está soleado... o eso pensaba yo. Alcanzamos a llegar al centro, buscando la "Ruta del queso y del vino", cuando comenzó a llover. Primero despacio, después el cielo ya completamente negro dejó caer toda su furia. Ahí no paró la cosa, en los más de veinte años que llevo viviendo aquí, no recuerdo haber visto granizo en Tequisquiapan. Mi necedad tuvo consecuencias, una granizada que bajó una rica temperatura de 20oC a 12oC en cuestión de minutos. Aquello parecía nieve golpeando con fuerza todo a su paso. Papá estuvo más tranquilo cuando encontró un techo bajo el cual refugiarnos. 

Una semana después, me encuentro en mi casa, disfrutando de un hermoso día soleado, bastante caliente, adornado de la vegetación en todo su esplendor después de haber recibido tantos días de lluvia. Esos dioses nórdicos están haciendo de las suyas... y creo que nos quieren volver locos. 

Creo fervientemente que estamos viviendo las consecuencias del famoso cambio climático, ocasionado por el único grupo que en la película Matrix se calificó como un virus: Los seres humanos. Hemos abusado de nuestro ambiente, desperdiciado todo lo que nos han regalado por un puñado de dinero. Y bueno, si eso me beneficiara a mí, tal vez tampoco me importaría tanto, pero yo soy de esa fracción de la clase media que tiende a convertirse en clase baja. 

Dejando a un lado el fatalismo, la verdad no creí vivir lo suficiente para ser testigo de este tipo de fenómenos. Sólo espero estar preparada para lo que venga. 

jueves, 12 de enero de 2012

Mi amigo el tráfico...

Cuando me volví asidua consumidora del servicio de transporte público, me la pasaba lamentando no poder acceder a mi precioso vocho negro. Lamentaba utilizar hora y media de mi tiempo para llegar al trabajo y otro tanto para regresar a casa. Pensaba, cual autora del romanticismo, en lo bien que me vería manejando un carro, con la ventana abajo, la música a medio volumen para no distraerme y la velocidad de mi lado.

Hace poco, tuve la oportunidad de utilizar cierta camionetita hermosa para comenzar a trasladarme de un lado a otro. Recordé lo hermoso de tener un volante suave en mis manos, lo rápido que se puede reaccionar ante cualquier eventualidad, además de las mil decisiones que se deben tomar en cuestión de segundos. Pero, como buen escritor clásico, no pude seguir evadiendo mi realidad, la confronté. 

La parte rosa... 

Me tardo menos en llegar a cualquier lado porque sigo una ruta más directa, sin necesidad de hacer paradas cada diez minutos. La camioneta es suave, me cubre del frío, es relativamente fresca en el calor, no huele de manera extraña. Al principio me costaba mucho trabajo dominar la cuestión de las dimensiones, sin embargo, ya mi cerebro se puso a trabajar un poco en ello. 

Me he vuelto menos ferviente en mis rezos, ya no es necesario buscar una forma de amortiguar el golpe después de un tope. También me he vuelto un poco más respetuosa porque no le recuerdo al chófer a su madre o su abuela. 

La parte verde gris...

Utilizar una camioneta es sumamente caro. El consumo de gasolina por kilómetro es realmente alto. Me hace evaluar qué me sale más costoso: utilizar el camión o ponerle gasolina cada tercer día. Por otro lado, es importante estar al pendiente de cualquier ruido o falla porque ahora soy la responsable del auto y de quien me acompañe.

Algunas de mis rutas preferidas son por carretera porque logro zafarme de los semáforos. La cuestión es que me gusta manejar como viejita y así no puedo hacerlo. Sin quererlo, comienzo a tensar todo mi cuerpo, de repente olvido el significado de respirar profundo. Para aderezarlo todo... el sol no siempre es mi amigo, aunque traiga lente obscuros, a veces él quiere hacerme repelar, obligándome a utilizar mi habilidad para manejar a pesar de su brillantez. En ese momento preferiría manejar de noche. 

Lo negro... negro... negro... (¿así o más exagerado?)

Ya no puedo dormirme mientras el tráfico nos hace avanzar a la grandiosa velocidad de veinte kilómetros por hora. Y lo sé porque en mi ciudad, en algunas zonas, hay un velocímetro que refleja en un panel la velocidad del conductor. 

¿A qué viene mi queja?, muy sencillo... mi ciudad tiene alrededor de un millón de personas viviendo en ella. No es mucho en realidad. Tiene algunas vías rápidas interesantes, avenidas que si se pueden llamar así, calles hermosas, colonias de todo tipo, edificios modernos y antiguos (el centro es patrimonio de la humanidad). Es todo un estuche de monerías.

Pese a eso, los gobernantes han concebido la necesidad de modernizarla. Es entonces necesario hacer una serie de obras interesante que obstruyen las principales vías rápidas de la ciudad. En vez de ayudar al flujo de carros, en un recorrido que originalmente era de veinte minutos para atravesar la ciudad, ahora puedes hacer alrededor de una hora. En tramos donde tardabas cinco minutos en cruzar, ha aumentado a un total de una hora. Hay varios cuellos de botella derivados en parte a la poca organización y mucha competencia entre el Gobernador priista y el presidente municipal panista. Han olvidado la importancia de ponerse de acuerdo para que una obra no dure más de un año. 

Ahora bien, si el tráfico fuera un alto total, pues me relajaría dentro de mis posibilidades, me pondría a escuchar música o de plano a leer, lloraría mi mala suerte y después reclamaría al cielo el hecho de que no les proporcionara un poco de sentido común a nuestros dirigentes... ese no es el caso... hay que manejar con las piernas tensas, aunque el lado positivo es que posiblemente las estoy ejercitando un poco, para no perder el control entre el freno y el acelerador. Se debe estar al pendiente de la distancia con el de adelante porque nunca falta la persona que transpira inteligencia y cree que la distancia de dos carros en carretera es para darle oportunidad de entrar. 

Además de eso, debo controlar mi miedo a los famosos trailers y camiones de redilas. Como todavía me falta un poco de práctica en unidades largas, es muy fácil que no me dejen pasar a pesar de mi direccional. O aquellos que al ver la direccional es permiso para acelerar y no dejarte entrar en el carril. El estrés al manejar ha regresado a mi vida, pues en mi ciudad, los conductores no tienen malicia, piensan que los demás los van a cuidar, haciendo un caos por cuestiones pequeñas. 

Aun así... prefiero manejar 

miércoles, 4 de enero de 2012

Puntadas de estudiantes...

El ser maestra a nivel medio superior y superior me ha traído una serie de consecuencias un tanto extrañas:

1. Tengo práctica en marear a los alumnos (excepto cuando mi hermano tomó clases conmigo, es demasiado intelectual para dejarse cuentear por mí)
2. He desarrollado la virtud de dioses llamada paciencia, nunca pensé que tendría tanta para no cometer homicidio múltiple
3. He aprendido a tomar las cosas de quien viene
4. Me he divertido como enana con algunas puntada.

Así que ahora contaré algunas anécdotas con estos muchachos.

1. Recuerdo que hace muchos años yo daba clases de biología (no me pregunten cómo caí ahí, en especial porque estudié ciencias de la comunicación) y honestamente no sabía mucho de la hemofilia. Aunque estudiaba para no hacer el oso, la verdad es que había cosas un tanto desconocidas para mí. Y cuando me preguntaron de qué se trataba la enfermedad, cómo funcionaba y cuál fue su origen, pude responder bien la primera pregunta pero dejé que el grupo contestara las otras dos, eran estudiantes bastante informados. Así pues, haciendo uso de mi LCC power, como decíamos en la escuela, armé la información para recuperar mi rol de maestra honoraria. Aunque he de aceptar que a veces si me he declarado ignorante en el tema, llevándome tarea a casa.

2. Lo siento por mis alumn@s si alguna vez leen esto, pero si debo ventanearl@s.
  • Una vez me preguntaron cuál era la expresión correcta, si "bien mucho calor" o "bien harto calor", la verdad tuve que hacer acopio de todas mis fuerzas para no reírme, no de mi alumna, sino de su suegra que la corrigió y le dijo naca por no utilizar la primera expresión. Le expliqué de la mejor manera que si con una sola palabra puedes explicar lo mismo, no se debe desperdiciar el lenguaje. Simplemente se decía "mucho calor" y asunto arreglado.
  • En la clase de sociología pregunté en un examen por el concepto de Guerra Fría, y me respondieron que fue una guerra que se dio durante el invierno. No supe si llorar o reír.
  • Cuando a los de comunicación les pregunté por el canal de distribución de un producto y todos describieron el canal del mensaje... comienzo a cuestionarme si leen instrucciones
  • Otra vez entré en una especie de discusión con un joven aspirante a futbolista profesional, en donde trataba de explicarle por qué era importante conocer la historia y saberse expresar correctamente, en especial si vas a ser figura pública. Lo más chistoso fue cuando me dijo que Benito Juárez había sido lo peor para México porque una maestra de historia (a la cual aparentemente respetaba mucho) le había dicho eso, pero no supo explicarme por qué. Todavía peor cuando se me ocurrió decirle que ser futbolista era más sencillo que ser obrero. En verdad, pude ahorrarme una hora de argumentación vana.
  • A veces respiro profundo cuando me dicen que no importa si escriben acentos o no en español, al fin se entiende. A lo que siempre respondo, no es lo mismo decir sólo o solo, o bien, méndigo que mendigo.
  • No entiendo como es que la primera propuesta de una campaña de publicidad, o sea, un bosquejo de la imagen se transforma en la distribución del presupuesto. O que jóvenes estudiantes de mercadotecnia no tengan ni la más remota idea de cómo desarrollar una evaluación, cuando parte de su trabajo es ese. 
  • Y ya para terminar, la mejor de todas. No entiendo cómo los alumnos pueden dormirse en clase literalmente, en una banca fría, durante una hora. Tengo una pequeña galería con sus fotos, al parecer mi colección se agrandará con los muchachos universitarios. 
3. Los alumnos de preparatoria abierta, en algunos casos, son alumnos cuyas oportunidades se han agotado. Algunos de ellos desvían su frustración hacia el maestro, volviéndolo objeto de su odio. Así pues, están al pendiente de cuanto defecto puedan sacarte. Gracias a ellos aprendí a hacer oídos sordos a palabras necias. Aprendí a reírme de mí misma, como cuando me como letras o cambio las palabras o escribo una idea incompleta. 

En la universidad me ha costado más con un alumno soberbio con tintes de arrogante que cree saber más que sus maestros. Capaz de corregir al profesor, pero cuando se le pide retroalimentación para su compañero de clase no sabe qué decir... tal vez todavía le falta aprender un poco de la vida. Después de eso, descansé un poco. Son unos polluelos después de todo.

4. Los muchachos de preparatoria abierta son un poco más ocurrentes que los jóvenes universitarios. Una anécdota de la cual todavía me acuerdo como si fuera ayer fue la vez que dos de ellos llegaron ebrios a la escuela. El estudiante Tino se fue con Nini y otros compañeros antes de terminar las clases, como quien dice, se fueron de pinta. En vez de hacer lo lógico en donde se van a resgarduar en casa de un amigo, o en su defecto, en su propia casa lejos del alcance de sus padres regresaron a la escuela. 

El joven Tino, que ya había tenido un incidente antes (sin tanto alcohol en las venas, le recomendé irse a tomar un café), mencionó la posibilidad de bajar su borrachera con un café. En realidad mi intención era correrlo de mi salón de clases. Mi escritorio solía estar del lado contrario a la puerta, al ser un espacio pequeño, las bancas estaba casi pegadas al escritorio. Pues bien, Tino tuvo la feliz ocurrencia de irse a sentar justo en frente de mí. Estaba tan alcoholizado que destilaba una pestilencia por tooooodo el salón. Traté de convencerlo o exigirle su salida de mi sacro santo recinto, haciendo caso omiso, comenzó a decir un montón de tonteras dignos de su estado. Para colmo ese día tenía salón lleno. Los demás jóvenes estaban entre divertidos y un tanto desconcertados. Nini sólo estaba sentado en la cafetería "disfrutando" su tarde.

Lo más divertido fue que cuando pasó el director fuera del salón. Tino se asustó bastante mientras los demás nos reíamos de su mala fortuna. Comenzó a pedir perfume como desesperado, alguien le pasó un desodorante en aerosol. Se echó en el cuerpo, el cuello, las axilas y el cabello. Así que su pestilencia, en vez de desaparecer fue peor. Justo acaba de aromatizar el ambiente cuando el director lo pescó. Se lo llevó del salón, le pidió una disculpa a los demás y me dio permiso de ir por un ventilador para obtener un aire menos viciado. Sus compañeros le recordaron todas sus lagunas durante meses. Tino no podía creer lo que le contaban, pero al ser yo un testigo presencial, no le quedo otra más que aceptar lo hecho.

Tino y Nini fueron suspendidos...

Al final puedo decir que disfruto más de lo que yo quisiera dar clases. Es bonito sembrar semillitas en los muchachos, aprender con ellos, aprender de ellos. Mi única queja es que deberían pagarnos más por aguantar a tanto mocoso. 

¡He dicho!