sábado, 11 de mayo de 2013
Un loco hace mil...
He llegado a la conclusión de que la psicosis puede transformarse en una enfermedad contagiosa.
martes, 12 de marzo de 2013
De la empiria a la teoría… ¿o será al revés?
Con mi regreso triunfal a las aulas en el rol de
estudiante me he dado cuenta de algunas verdades, no sé si absolutas o
relativas, de mi vida. La primera está relacionada con mi disciplina en la
escuela y la segunda con mi formación como investigadora en potencia.
Desde que entré, me he dado cuenta que la mayor
parte de mi grupo está conformado por personas a las que les gusta estudiar,
aman leer y buscan especializarse, crecer como profesionistas alimentando su
mente con conocimiento. Además le llama la atención crear su propio
conocimiento.
Ahora bien, hago hincapié en decir la mayoría,
porque tenemos al otro extremo en donde el estudio, la asistencia a la mayor
parte de las sesiones y el escribir un texto digno de la ciencia simplemente no
se les da, aunque no me queda claro si es por falta de capacidad o de interés.
Y ahí, en un grupo intermedio, estoy yo siendo una
persona más bien pragmática, que necesita relacionar la experiencia para
comprender mejor la teoría. En caso contrario, es muy sencillo que me pierda en
un mar de palabras un tanto sin sentido (¿uh?) porque simplemente no lo puedo
incorporar a la realidad. Desde mi punto de vista, y aclaro es muy particular,
no entiendo la razón de mantener el conocimiento a nivel abstracto, sin
confrontarlo a la realidad. La teoría debería ser una pequeña luz para
comprender esa realidad, no un universo alterno a ella.
Puedo hacer todas las tareas, puedo leer todos los
libros, puedo escribir todo lo que me pidan, pero si deseo aprender en serio,
necesito aplicarlo en ejemplos de la vida cotidiana. Curiosamente eso está
presente en mis ensayos, porque suelo aplicar el análisis a una situación “real”,
tratando de diferencias diversos puntos de vista con la experiencia (también
conocida en su forma fancy como empiria). Lo cual además se me hace
interesante, porque supuestamente la ciencia surge cuando se problematiza la
realidad y se estudia como un fenómeno. Al final, si no logro llevar ese
proceso a cabo, es muy probable que pierda el interés, con lo cual ni la
disciplina logrará entregue todo lo solicitado por el Doctor profesor. Conclusión,
no soy tan disciplinada como parece.
En segundo lugar, todavía no decido si el crear
nuevos conocimientos, o bien, hacer aportaciones pertinentes es lo mío. Me
gusta el estudio, me gusta aprender, sin embargo, ¿tengo madera de
investigadora?, la respuesta en mi mente es no
estoy tan segura de ello. Disfruto más, lo acepto, hacer el trabajo de
campo que elevarme al nivel de las abstracciones. Me gusta relacionarme con
otros, conocer un poco de su historia, sorprenderme con su visión del mundo.
Ahora que he comenzado a hacer mis entrevistas, he recordado la importancia de
nunca perder de vista lo que hay detrás de cada proceso, de cada avance, hasta
detrás de cada retroceso: el individuo, la persona, el ser humano. Es hasta que he salido a conocer un pequeño
fragmento de este universo que comprendo a los grandes teóricos; es hasta que
me confrontado a la realidad que entiendo la habilidad de los autores para
crear conceptos, metodologías, herramientas.
No sé si terminaré o no como una investigadora
reconocida en el campo de las ciencias sociales, donde todo es sinónimo y
antónimo a la vez, pero si debo reconocer que ahora respeto un poco más la
labor de quienes se preocupan por crear ese conocimiento. Estoy aprendiendo,
abriendo los sentidos, recibiendo información y puliendo mis habilidades. Y
creo que al final, ese es el mejor regalo que la vida pudo hacerme.
jueves, 17 de enero de 2013
Dejar de ser tan lunar…
Una vez encontré, no me pregunten
cómo, un pequeño texto de Madre Teresa de Calcuta. Me gustó tanto que suelo
ponerlo en mis clases de redacción para análisis. En cierta forma es una mini
perlita para mis alumnos.
Nunca
te detengas – Madre Teresa de Calcuta
Siempre ten presente que la piel se arruga, el pelo se vuelve blanco,
Los días se convierten en años...
Pero lo importante no cambia; tu fuerza y tu convicción no tienen edad.
Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña.
Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.
Detrás de cada logro, hay otro desafío.
Mientras estés viva, siéntete viva.
Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.
No vivas de fotos amarillas...
Sigue aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas correr, trota.
Cuando no puedas trotar, camina.
Cuando no puedas caminar, usa el bastón.
¡Pero nunca te detengas!
Siempre ten presente que la piel se arruga, el pelo se vuelve blanco,
Los días se convierten en años...
Pero lo importante no cambia; tu fuerza y tu convicción no tienen edad.
Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña.
Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.
Detrás de cada logro, hay otro desafío.
Mientras estés viva, siéntete viva.
Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.
No vivas de fotos amarillas...
Sigue aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas correr, trota.
Cuando no puedas trotar, camina.
Cuando no puedas caminar, usa el bastón.
¡Pero nunca te detengas!
Independientemente de que el texto,
más allá de la parte emocional, maneje imágenes interesantes, la frase grabada
en mi mente, razón por la cual vuelvo a leerlo con placer, es: “No vivas de
fotos amarillas”.
A veces me sucede, tenía actividades
enriquecedoras para mi alma y simplemente dejé de hacerlas. Yo solía disfrutar
de leer, de escribir relatos extraños en talleres literarios, de asistir a
cantar al coro, de salir con mis amigos cada fin de semana, de visitar
karaokes, de hacer yoga “estática”, de viajar a la playa, de tener una relación
no tan sana que me ayudó a madurar y a comprender el significado de salud
mental. En fin, hacía cosas por el simple hecho de disfrutarlas.
Ha pasado el tiempo y el futuro me
come, carcome, o algo parecido. Ya me preocupo por lograr objetivos en cierto
plazo, para después seguir en el futuro porque en realidad debería ya hacer un
ahorro para mi vejez, hacerme de un patrimonio para no heredarlo a nadie en
vista de mi evidente soltería empedernida, prepararme para tener mejores
oportunidades. Me preocupa todo aquello relacionado con mi vida sin mis padres
– lo sé, a los 33 años eso ya no debiera ser, pero afrontémoslo, su apoyo es
genial cuando quiero pasearme por el mundo y buscar mi misión en la vida –
De repente entonces, me encuentro
viendo esas fotos amarillas, sonrío ante ellas y quisiera meterme en una
máquina para regresar el tiempo, perderme en el pasado de mis decisiones.
Quisiera que mis amigos de aquel entonces no tuvieran tantas responsabilidades,
me gustaría tener las tardes libres para ir a mi taller de creación literaria,
desearía tener las ganas para hacer yoga todos los días, o poder irme a
divertir en una alberca con vista al mar. Pero lo que más extraño es salir cada
semana con mis amigos. Cuando me dan esos ataques de nostalgia, honestamente
opto por hacerme una concha de caparazón grueso. Me quedo aislada del mundo, mi
neurosis aumenta y mi pobre familia paga las consecuencias.
Hace poco por alguna razón se
alinearon los planetas. He podido contactarme con amigos de antaño, no con los
que salía cada semana, sino otras personas agradables, divertidas, con las que
también comparto intereses además de una visión. Cada vez que los veo, me lleno
de ánimo, y en vez de fotos amarillas, ahora poseo a color, brillantes y
divertidas, transformándose en un buen comienzo. Comienzo a escribir otra vez,
comienzo a buscar todo aquello para alimentar mi espíritu, bueno, dejaré
espacio también para las frivolidades como el anime o las mejor vestidas de la
alfombra roja.
En mi cabeza se está formando una
idea. Tal vez esas fotos amarillas en realidad son un ciclo, los ciclos
terminan y yo debo dar el siguiente paso. No necesariamente a la madurez de un
adulto, pero si a buscar otro paquete de fotos. Si la compañía de ellos me
alimenta, si aprendo a querer la investigación, si retomo mi escritura, si
puedo ahorrar para hacer un par de viajes más, o los que sean necesarios para
sentirme bien, tal vez pueda comenzar la era del quinto sol…
domingo, 6 de enero de 2013
Ser un personaje...
El día de ayer me reuní con una
amiga en el centro de la ciudad. Me encanta porque tiene un estilo colonial
único, y aunque es copia de ciudades españolas, lo cierto es que los mexicanos
aderezamos ese estilo con nuestra cultura. Los españoles nos habrán heredado la
forma de las piedras, sí, pero nosotros les dimos vida, una identidad propia. Y
es propio de mi ciudad, así como de cualquier comunidad imagino, tener
personajes.
Para la palabra personaje encontré
dos definiciones. La primera dice “Persona ilustre, sobresaliente en cualquier
actividad”; la segunda definición dice “Cada uno de los seres que toman parte
en la acción de una obra literaria, teatral o cinematográfica”. Así que me quedaré
con la primera definición porque describe a la perfección aquellos personajes de
mi ciudad.
Ayer iba yo caminando por Plaza
de Armas, cuando un señor comenzó a gritar consignas en contra de los gringos, específicamente, en contra del
presidente Obama. Después pasó a explicar, a gritos todavía, cómo trabajan los
bancos y terminó por decir que la mejor estrategia en contra del sufrimiento de
los pobres es la ignorancia, es decir, ignorar que existen. Dio varias vueltas
por la plaza y después se retiró. Los meseros de los pocos lugares abiertos se
reían, decían que Don Joaquín (yo aumenté el Don por respeto a sus ideas y
valentía al gritarlas a todo pulmón) estaba desatado ese día. Mi amiga me contó
que ese señor suele estar en Plaza de Armas para después irse a Capuchinas, no
pide dinero ni se mete con nadie, sólo grita sus consignas. Después me platicó
que hay otro señor que pasea por algunas calles del centro cantando. Es un
señor que canta muy bien, no pide nada, sólo compartir su música roquera con el
resto de la población. Ellos me recordaron a un señor ya fallecido al que todos
conocíamos como “El loco de los patines”, una persona, dicen que maestro de
filosofía, que se paseaba por todo el centro en patines y gritando verdades
sobre las mentiras dichas en la historia oficial de nuestro país, también solía
gritarles a las niñas fresas que se
atravesaban en su camino, siempre aderezando con un comentario político.
Otro personaje es alguien a quien
llamamos “el ánimo”. Es un hombre que se pasea en la ciudad con diferentes
carros, al parecer es mecánico, la cuestión es chifla y grita ánimo a todos. Entonces, cuando te dejas
influenciar por su buena vibra, el señor logra sacarte una sonrisa, lo cual se
puede tomar como el logro de su meta. El ánimo ya tuvo su participación en la
política, cuando apoyó, al ser apoyado, a nuestro ahora ilustre gobernador del
Estado. Resulta ser que se encontraba en la Calzada de los Arcos gritando a
favor del ese entonces candidato a la gubernatura por parte del PRI, que en ese
momento era el partido en oposición.
Decidió apoyarlos porque los
representantes del partido en el poder, o sea el PAN, no habían querido darle
audiencia para escuchar sus peticiones, las cuales iban dirigidas al bienestar
de los queretanos. Por su “arrogancia”, el ánimo decidió promover al partido
con su singular estilo. La cuestión es que al partido en el poder no le gustó,
así que lo mandaron a arrestar aunque no había una causa clara para hacerlo.
Entonces, el candidato, en un movimiento estratégico, pagó la fianza/multa de
su propio bolsillo. Los queretanos tomaron en cuenta tan noble acción y le
pusieron una palomita más en los pros de votar a su favor. Así de importante
puede ser un personaje.
Un día estaba leyendo los
encabezados de un periódico para saber si valía la pena comprarlo. Entonces,
una pequeña nota en la primera plana llamó mi atención y compré el diario.
Resulta ser que un hombre pasó más de veinte años boleando los zapatos de los
políticos en el centro de la ciudad. Al parecer, eso le dio las conexiones
necesarias para conocer buena parte de las historias y decisiones tomadas por
esas honorables personas. Cualquier duda que se tuviera, se le podía preguntar
a este bolero. El hombre sólo se dedicaba a bolear zapatos, algo aparentemente
insignificante para algunos, sin embargo, no cualquier persona se gana su
espacio en la primera plana, aunque no sea a ocho columnas.
Para mí, un personaje no sólo es alguien
ilustre y sobresaliente. Un personaje es sinónimo de alguien
único, con características naturales que diferencian a esa persona de la normalidad, o bien, de la
mediocridad, según sea el caso. Se transforman en personajes cuando sin
esforzarse, logran resaltar. Algunas veces esos personajes son vistosos como el
loco de los patines, otras veces,
simplemente se trata de tu compañero capaz de pensar en todas las posibilidades
que el universo atrapa en la cabeza, y te hace sonreír ante sus "locuras" cada que lo recuerdas.
jueves, 25 de octubre de 2012
No siempre es bueno recordar...
Es muy extraño… puede ser que por haberme sometido a
un creciente estrés, y creo en gran medida provocado por mi obsesión por hacer
todo a tiempo, perfecto. Hace un momento le contaba a mi sobrino un anécdota de
cuando viajé con el coro de la escuela a Washington…
Yo tenía 19 años, por azares del destino nos invitaron
a esa universidad para realizar algo así como un intercambio cultural.
Nosotros íbamos a ofrecer un concierto; a ser alojados por ellos, para después
recibirlos en México. Al principio yo no pensaba ir, pero algo pasó
(honestamente no recuerdo cómo estuvo) que terminé viajando para allá con mis
compañeros. No niego que hubo momentos divertidos, sin embargo, en un momento
crítico, me sentí bastante sola, por no decir abandonada.
La verdad creo que un ser superior me ayudó en ese
viaje…
Entre las muchas cosas que me pasaron, recordé una de
las razones por las cuales yo intento hacer mi buena acción de día lo más
seguido posible…
La persona que me alojó se llama Carol, una mujer
muy amable. Sus hijos, ya grandes, vivían de manera independiente y su esposo
la había dejado por una mujer más joven. Contrario a lo que pudiera pensarse, Carol
tenía muy buen humor, siempre estuvo sonriente y atenta, una anfitriona
ejemplar la verdad. Nos llevó de paseo, siempre al pendiente de nuestra comida,
de que nos sintiéramos cómodas. La verdad, se portó muy bien.
Sin querer, dejé mi boleto de avión (de regreso) en su
casa, adentro de una bolsa de plástico. Una noche antes de regresar, nos
quedamos en un hotel para estar más cerca del aeropuerto, y como buena mujer
bien portada (porque eran mis años mozos y no me interesaba meterme en líos),
me fui a dormir temprano en vez de estar en la fiesta universitaria.
Ya en el aeropuerto, a la hora de documentar, resulta
que no llevaba el boleto de avión. Cuando estoy bajo mucha presión, me pongo
nerviosa, haciendo que mi diccionario interno inglés-español simplemente
desaparezca. La en ese entonces directora de Difusión Cultural me hizo favor de
servir como intérprete y me dijeron que podía abordar minutos antes,
que ellos documentaban por lo mientras mi equipaje, sin embargo, necesitaba mi
pasaje, o bien, comprar uno nuevo. Obviamente no llevaba dinero ya, no tenía
tarjeta de crédito en ese entonces y el mundo se me vino encima.
Supongo que alguien me dio la idea de hablarle a Carol,
la verdad no recuerdo cómo estuvo, y ella me escuchó, tratando de entender mi
balbuceo. Verificó el boleto, al encontrarlo me dijo que no me preocupara, me lo
iba a llevar. Le compré un peluche, también como recomendación de mis
compañeros, para agradecerle. Llego corriendo - ¡viajó una hora a toda velocidad para llegar! - y mi alma regresó a mi cuepo. Gracias a ella pude regresar
a mi país tranquilamente.
Se me quedó grabado entonces lo que me dijo cuando le
agradecí casi hasta las lágrimas su buen gesto: “Me hubiera gustado que alguien
hubiera hecho algo así por mí cuando era joven”. Sus palabras me quedaron
tatuadas. Ella lo hizo desde su alma, resultado de su buen corazón. Y me sirvió de
ejemplo para ayudar a alguien más de manera desinteresada. Así lo entiendo yo,
si alguien hace algo bueno por mí, entonces yo puedo hacer algo bueno por
alguien, y pasarle el mismo mensaje, tal
vez logre sembrar una semilla como la sembraron en mí.
Obviamente, el ser sensible a ese tipo de cosas nació
desde antes, con la educación de mis papás. Se necesita tener un contexto
adecuado y un par de golpes de la vida para entender la frase de Carol. Sobre todo golpes de la vida.
Después de recordar la anécdota linda, de repente
recordé también mi sensación de soledad
al ser abandonada por todos mis compañeros y maestros. Me dejaron sola a mi
suerte. Nadie se quedó conmigo, ni siquiera por simple apoyo moral, todos
estaban contentos, en la sala de espera, completamente indiferentes a mí. A
decir verdad, la “coordinadora”, contó a otros lo que me había pasado como
ejemplo de un ser irresponsable. Cuando mis papás se enteraron, se enojaron
mucho, dijeron que era la responsabilidad de ella que todo saliera bien, de
estar al pendiente y de velar por mi seguridad ya que era un viaje escolar. Lo
cierto es que estuve más de una hora completamente sola, pidiéndole a Dios
ayuda divina para ese trago amargo. Carol me dio una gran lección, y a reserva
de parecer narcisista, creo que también Dios me cuidó mucho. Si no fue él, el
universo se encargó de mi seguridad.
Y ahora tengo en el pecho ese sentimiento de ansiedad,
ese sentimiento que te cierra la garganta, te aprisiona el pecho. Tengo ese
sentimiento de desolación, de dolor ante el hecho de ser invisible para todos,
que en verdad les dio lo mismo dejarme ahí. Más coraje tuve cuando llegamos a
México y una de mis compañeras fue retenida en migración/aduana o cómo se
llame. En ese momento otros compañeros estuvieron al pendiente de ella. Yo
honestamente me seguí de largo más dolida que antes. Ese viaje lo padecí más
que disfrutarlo. Aunque me llevé lecciones valiosas, tuve una experiencia “bipolar”,
entre la soledad y la curiosidad de conocer algo distinto.
No soy santa, no todos despierta mi lado sensible, eso
es cierto, pero espero estar aportando al mundo un poco para aquellas personas
que se han sentido solas, que han sido abandonadas o que nadie voltea a ver.
Creo que ahí es donde nace mi inquietud por darle voz a quienes no la tienen.
Aunque sea a cuenta gotas, espero dar un poco de lo que a mí me quitaron.
En fin, es de noche y descansar me hará ver la luz al final del túnel otra vez.
martes, 23 de octubre de 2012
La piedra blanda…
No sé cómo llegué a un video compilatorio de
soldados sorprendiendo con su llegada a su familia. Los niños llorando,
corriendo a abrazar a sus papás. Las madres y las esposas gritando, también llorando,
incrédulas ante la sorpresa. Hasta perros saludando a sus dueños, moviendo la
cola de un lado a otro sin parar. Escenas conmovedoras, escenas cómicas,
escenas sobre el significado de ver al soldado llegar con vida del campo de
batalla.
La cuestión es que después del primer video,
decidí ver las otras tres compilaciones. Evidentemente es parte de una campaña
de sensibilización tipo invitación a formar parte del ejército. Se trata de
mostrar el lado “humano” de los que muchos podrían calificar (y me uno a ellos
en ciertas ocasiones de notable indignación) de bestias sin corazón.
Para mí, los soldados y policías muchas veces
son sinónimo de violencia, daño innecesario, insensibilidad ante el dolor
humano. No logro entender cómo es que son capaces de agredir más allá de sus
órdenes a una comunidad, a una población, a un individuo. Por ejemplo, no
entiendo cómo un soldado es capaz de cubrir con su cuerpo a un niño, mientras
otro abusa de una mujer.
Lo que me llamó la atención, y puede ser en
parte mi sangre latinoamericana, es la forma en que corrían los niños en busca
de su papá (sólo incluyeron a un par de mujeres soldados). Pensé en la familia,
la preocupación de recibir la noticia de que murió su familiar, el hecho de
saberlo lejos, pasando experiencias no tan agradables. En ese momento me
pregunté si piensan en su familia cuando matan a alguien, cuando abusan de
alguien, cuando están al frente en una guerra. Me conmovieron las escenas sí,
sin embargo, no dejo de pensar en toda la violencia que los rodea.
Me conmoví hasta los huesos; pude observar
sonrisas, llantos, sorpresa. Entonces recordé, ellos también sufren, ellos son
parte de una sociedad, ellos tienen por quién preocuparse en casa… ¿será posible
llegue el día en que la gente se niegue a dañar a otros pensando en sus seres
queridos?
Me gusta fantasear.
sábado, 6 de octubre de 2012
De escritor en escritor... (después lo vuelvo a leer)
Los placeres en mi vida son pocos en realidad,
cualquiera podría calificarla de aburrida porque no busco tener aventuras
sin iguales o vivencias demasiado intensas.
Son las sutilezas aquellas que más disfruto: comer un
delicioso helado en una tarde soleada, ir al cine a ver una película, escuchar
música conmovedora o alocada según mi estado de ánimo, disfrutar mis series (con
personas “reales” y de animación), leer un buen libro, escribir algo decente,
volver a leer un buen libro y sumergirme en su realidad, convivir con mis
amigos, con mi familia y de repente, si se puede, convivir con el escritor de
algún libro que vale la pena.
Gracias a una amiga mía, comencé a asistir a un
taller de creación literaria cuando aún era dueña de la mayor parte de mi
tiempo. Adoré descubrir un sinfín de cosas para leer entretenidas, de
confrontación, letras capaces de remover las entrañas de cualquiera. Lo sé,
suena bastante exagerado, pero así lo sentí en ese momento. Honestamente
después llegó un pequeño sentimiento de inferioridad porque en esos talleres se
encuentran verdaderos talentos y en mi caso es más bien necedad. Aunque en
realidad tampoco me encuentro en la calle de la amargura.
Uno de mis maestros se llama Arturo Santana, él
es un poeta de Jalisco, maestro por vocación, respetuoso del estilo personal,
en cada una de sus clases nos regalaba una perla de conocimiento. Tengo la
extraña tendencia de escribir textos aún más extraños y la verdad, creo que él
era de las pocas personas que comprendían el mensaje oculto de ellos, y sus
recomendaciones me sirvieron en gran medida para mejorar.
Ayer, 5 de octubre de 2012 –por eso de ubicar
al lector en un tiempo y un espacio- el maestro Arturo Santana presentó un
libro, una antología de sus poemas. Honestamente a mí no me gustaba la poesía
hasta que tomé ese taller. Además de mi libro firmado, con lo que me quedo de
esa presentación se refiere a la parte irracional de escribir.
Escribir no sólo es poner una palabra tras
otra, en busca de un cierto sentido, no. Para mí escribir es un verdadero
desahogo, es encontrar aquello que me mueve profundamente y compartir mi visión
a través de un papel. Tomaré un par de clichés para describirlo, aunque de
forma un poco limitada. Es divertido “no saber a dónde te llevan los personajes”,
es divertido tener esas cajas en el pensamiento que vas abriendo conforme te
expresas, es más divertido si alguien más te lee y decide que vale la pena
aquello que plasmaste.
No soy una escritora consagrada, ni tampoco un
genio de las letras, pero creo firmemente que ellas ayudan a mantenerme un tanto cuerda. Ayer me emocioné mucho porque pensé en que debo buscar aquello que
me apasione y escribirlo, aventarlo, evidenciarlo. No debo esconder mi propia
voz.
Por lo pronto, pienso sentarme a leer un buen
libro, disfrutar una taza de té y dejar que sus imágenes invadan mi mente.
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