jueves, 17 de enero de 2013

Dejar de ser tan lunar…


Una vez encontré, no me pregunten cómo, un pequeño texto de Madre Teresa de Calcuta. Me gustó tanto que suelo ponerlo en mis clases de redacción para análisis. En cierta forma es una mini perlita para mis alumnos.

Nunca te detengas – Madre Teresa de Calcuta

Siempre ten presente que la piel se arruga, el pelo se vuelve blanco,
Los días se convierten en años...
Pero lo importante no cambia; tu fuerza y tu convicción no tienen edad.
Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña.
Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.
Detrás de cada logro, hay otro desafío.
Mientras estés viva, siéntete viva.
Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.
No vivas de fotos amarillas...
Sigue aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas correr, trota.
Cuando no puedas trotar, camina.
Cuando no puedas caminar, usa el bastón.
¡Pero nunca te detengas!

Independientemente de que el texto, más allá de la parte emocional, maneje imágenes interesantes, la frase grabada en mi mente, razón por la cual vuelvo a leerlo con placer, es: “No vivas de fotos amarillas”.

A veces me sucede, tenía actividades enriquecedoras para mi alma y simplemente dejé de hacerlas. Yo solía disfrutar de leer, de escribir relatos extraños en talleres literarios, de asistir a cantar al coro, de salir con mis amigos cada fin de semana, de visitar karaokes, de hacer yoga “estática”, de viajar a la playa, de tener una relación no tan sana que me ayudó a madurar y a comprender el significado de salud mental. En fin, hacía cosas por el simple hecho de disfrutarlas.

Ha pasado el tiempo y el futuro me come, carcome, o algo parecido. Ya me preocupo por lograr objetivos en cierto plazo, para después seguir en el futuro porque en realidad debería ya hacer un ahorro para mi vejez, hacerme de un patrimonio para no heredarlo a nadie en vista de mi evidente soltería empedernida, prepararme para tener mejores oportunidades. Me preocupa todo aquello relacionado con mi vida sin mis padres – lo sé, a los 33 años eso ya no debiera ser, pero afrontémoslo, su apoyo es genial cuando quiero pasearme por el mundo y buscar mi misión en la vida –

De repente entonces, me encuentro viendo esas fotos amarillas, sonrío ante ellas y quisiera meterme en una máquina para regresar el tiempo, perderme en el pasado de mis decisiones. Quisiera que mis amigos de aquel entonces no tuvieran tantas responsabilidades, me gustaría tener las tardes libres para ir a mi taller de creación literaria, desearía tener las ganas para hacer yoga todos los días, o poder irme a divertir en una alberca con vista al mar. Pero lo que más extraño es salir cada semana con mis amigos. Cuando me dan esos ataques de nostalgia, honestamente opto por hacerme una concha de caparazón grueso. Me quedo aislada del mundo, mi neurosis aumenta y mi pobre familia paga las consecuencias.  

Hace poco por alguna razón se alinearon los planetas. He podido contactarme con amigos de antaño, no con los que salía cada semana, sino otras personas agradables, divertidas, con las que también comparto intereses además de una visión. Cada vez que los veo, me lleno de ánimo, y en vez de fotos amarillas, ahora poseo a color, brillantes y divertidas, transformándose en un buen comienzo. Comienzo a escribir otra vez, comienzo a buscar todo aquello para alimentar mi espíritu, bueno, dejaré espacio también para las frivolidades como el anime o las mejor vestidas de la alfombra roja.

En mi cabeza se está formando una idea. Tal vez esas fotos amarillas en realidad son un ciclo, los ciclos terminan y yo debo dar el siguiente paso. No necesariamente a la madurez de un adulto, pero si a buscar otro paquete de fotos. Si la compañía de ellos me alimenta, si aprendo a querer la investigación, si retomo mi escritura, si puedo ahorrar para hacer un par de viajes más, o los que sean necesarios para sentirme bien, tal vez pueda comenzar la era del quinto sol…

domingo, 6 de enero de 2013

Ser un personaje...



El día de ayer me reuní con una amiga en el centro de la ciudad. Me encanta porque tiene un estilo colonial único, y aunque es copia de ciudades españolas, lo cierto es que los mexicanos aderezamos ese estilo con nuestra cultura. Los españoles nos habrán heredado la forma de las piedras, sí, pero nosotros les dimos vida, una identidad propia. Y es propio de mi ciudad, así como de cualquier comunidad imagino, tener personajes. 


Para la palabra personaje encontré dos definiciones. La primera dice “Persona ilustre, sobresaliente en cualquier actividad”; la segunda definición dice “Cada uno de los seres que toman parte en la acción de una obra literaria, teatral o cinematográfica”. Así que me quedaré con la primera definición porque describe a la perfección aquellos personajes de mi ciudad.


Ayer iba yo caminando por Plaza de Armas, cuando un señor comenzó a gritar consignas en contra de los gringos, específicamente, en contra del presidente Obama. Después pasó a explicar, a gritos todavía, cómo trabajan los bancos y terminó por decir que la mejor estrategia en contra del sufrimiento de los pobres es la ignorancia, es decir, ignorar que existen. Dio varias vueltas por la plaza y después se retiró. Los meseros de los pocos lugares abiertos se reían, decían que Don Joaquín (yo aumenté el Don por respeto a sus ideas y valentía al gritarlas a todo pulmón) estaba desatado ese día. Mi amiga me contó que ese señor suele estar en Plaza de Armas para después irse a Capuchinas, no pide dinero ni se mete con nadie, sólo grita sus consignas. Después me platicó que hay otro señor que pasea por algunas calles del centro cantando. Es un señor que canta muy bien, no pide nada, sólo compartir su música roquera con el resto de la población. Ellos me recordaron a un señor ya fallecido al que todos conocíamos como “El loco de los patines”, una persona, dicen que maestro de filosofía, que se paseaba por todo el centro en patines y gritando verdades sobre las mentiras dichas en la historia oficial de nuestro país, también solía gritarles a las niñas fresas que se atravesaban en su camino, siempre aderezando con un comentario político.


Otro personaje es alguien a quien llamamos “el ánimo”. Es un hombre que se pasea en la ciudad con diferentes carros, al parecer es mecánico, la cuestión es chifla y grita ánimo a todos. Entonces, cuando te dejas influenciar por su buena vibra, el señor logra sacarte una sonrisa, lo cual se puede tomar como el logro de su meta. El ánimo ya tuvo su participación en la política, cuando apoyó, al ser apoyado, a nuestro ahora ilustre gobernador del Estado. Resulta ser que se encontraba en la Calzada de los Arcos gritando a favor del ese entonces candidato a la gubernatura por parte del PRI, que en ese momento era el partido en oposición. 

Decidió apoyarlos porque los representantes del partido en el poder, o sea el PAN, no habían querido darle audiencia para escuchar sus peticiones, las cuales iban dirigidas al bienestar de los queretanos. Por su “arrogancia”, el ánimo decidió promover al partido con su singular estilo. La cuestión es que al partido en el poder no le gustó, así que lo mandaron a arrestar aunque no había una causa clara para hacerlo. Entonces, el candidato, en un movimiento estratégico, pagó la fianza/multa de su propio bolsillo. Los queretanos tomaron en cuenta tan noble acción y le pusieron una palomita más en los pros de votar a su favor. Así de importante puede ser un personaje.


Un día estaba leyendo los encabezados de un periódico para saber si valía la pena comprarlo. Entonces, una pequeña nota en la primera plana llamó mi atención y compré el diario. Resulta ser que un hombre pasó más de veinte años boleando los zapatos de los políticos en el centro de la ciudad. Al parecer, eso le dio las conexiones necesarias para conocer buena parte de las historias y decisiones tomadas por esas honorables personas. Cualquier duda que se tuviera, se le podía preguntar a este bolero. El hombre sólo se dedicaba a bolear zapatos, algo aparentemente insignificante para algunos, sin embargo, no cualquier persona se gana su espacio en la primera plana, aunque no sea a ocho columnas.


Para mí, un personaje no sólo es alguien ilustre y sobresaliente. Un personaje es sinónimo de alguien único, con características naturales que diferencian a esa persona de la normalidad, o bien, de la mediocridad, según sea el caso. Se transforman en personajes cuando sin esforzarse, logran resaltar. Algunas veces esos personajes son vistosos como el loco de los patines, otras veces, simplemente se trata de tu compañero capaz de pensar en todas las posibilidades que el universo atrapa en la cabeza, y te hace sonreír ante sus "locuras" cada que lo recuerdas. 

jueves, 25 de octubre de 2012

No siempre es bueno recordar...


Es muy extraño… puede ser que por haberme sometido a un creciente estrés, y creo en gran medida provocado por mi obsesión por hacer todo a tiempo, perfecto. Hace un momento le contaba a mi sobrino un anécdota de cuando viajé con el coro de la escuela a Washington…

Yo tenía 19 años, por azares del destino nos invitaron a esa universidad para realizar algo así como un intercambio cultural. Nosotros íbamos a ofrecer un concierto; a ser alojados por ellos, para después recibirlos en México. Al principio yo no pensaba ir, pero algo pasó (honestamente no recuerdo cómo estuvo) que terminé viajando para allá con mis compañeros. No niego que hubo momentos divertidos, sin embargo, en un momento crítico, me sentí bastante sola, por no decir abandonada.

La verdad creo que un ser superior me ayudó en ese viaje…

Entre las muchas cosas que me pasaron, recordé una de las razones por las cuales yo intento hacer mi buena acción de día lo más seguido posible…

La persona que me alojó se llama Carol, una mujer muy amable. Sus hijos, ya grandes, vivían de manera independiente y su esposo la había dejado por una mujer más joven. Contrario a lo que pudiera pensarse, Carol tenía muy buen humor, siempre estuvo sonriente y atenta, una anfitriona ejemplar la verdad. Nos llevó de paseo, siempre al pendiente de nuestra comida, de que nos sintiéramos cómodas. La verdad, se portó muy bien.

Sin querer, dejé mi boleto de avión (de regreso) en su casa, adentro de una bolsa de plástico. Una noche antes de regresar, nos quedamos en un hotel para estar más cerca del aeropuerto, y como buena mujer bien portada (porque eran mis años mozos y no me interesaba meterme en líos), me fui a dormir temprano en vez de estar en la fiesta universitaria.

Ya en el aeropuerto, a la hora de documentar, resulta que no llevaba el boleto de avión. Cuando estoy bajo mucha presión, me pongo nerviosa, haciendo que mi diccionario interno inglés-español simplemente desaparezca. La en ese entonces directora de Difusión Cultural me hizo favor de servir como intérprete y me dijeron que podía abordar minutos antes, que ellos documentaban por lo mientras mi equipaje, sin embargo, necesitaba mi pasaje, o bien, comprar uno nuevo. Obviamente no llevaba dinero ya, no tenía tarjeta de crédito en ese entonces y el mundo se me vino encima.

Supongo que alguien me dio la idea de hablarle a Carol, la verdad no recuerdo cómo estuvo, y ella me escuchó, tratando de entender mi balbuceo. Verificó el boleto, al encontrarlo me dijo que no me preocupara, me lo iba a llevar. Le compré un peluche, también como recomendación de mis compañeros, para agradecerle. Llego corriendo - ¡viajó una hora a toda velocidad para llegar! - y mi alma regresó a mi cuepo. Gracias a ella pude regresar a mi país tranquilamente.

Se me quedó grabado entonces lo que me dijo cuando le agradecí casi hasta las lágrimas su buen gesto: “Me hubiera gustado que alguien hubiera hecho algo así por mí cuando era joven”. Sus palabras me quedaron tatuadas. Ella lo hizo desde su alma, resultado de su buen corazón. Y me sirvió de ejemplo para ayudar a alguien más de manera desinteresada. Así lo entiendo yo, si alguien hace algo bueno por mí, entonces yo puedo hacer algo bueno por alguien,  y pasarle el mismo mensaje, tal vez logre sembrar una semilla como la sembraron en mí.

Obviamente, el ser sensible a ese tipo de cosas nació desde antes, con la educación de mis papás. Se necesita tener un contexto adecuado y un par de golpes de la vida para entender la frase de Carol. Sobre todo golpes de la vida.

Después de recordar la anécdota linda, de repente recordé también  mi sensación de soledad al ser abandonada por todos mis compañeros y maestros. Me dejaron sola a mi suerte. Nadie se quedó conmigo, ni siquiera por simple apoyo moral, todos estaban contentos, en la sala de espera, completamente indiferentes a mí. A decir verdad, la “coordinadora”, contó a otros lo que me había pasado como ejemplo de un ser irresponsable. Cuando mis papás se enteraron, se enojaron mucho, dijeron que era la responsabilidad de ella que todo saliera bien, de estar al pendiente y de velar por mi seguridad ya que era un viaje escolar. Lo cierto es que estuve más de una hora completamente sola, pidiéndole a Dios ayuda divina para ese trago amargo. Carol me dio una gran lección, y a reserva de parecer narcisista, creo que también Dios me cuidó mucho. Si no fue él, el universo se encargó de mi seguridad.

Y ahora tengo en el pecho ese sentimiento de ansiedad, ese sentimiento que te cierra la garganta, te aprisiona el pecho. Tengo ese sentimiento de desolación, de dolor ante el hecho de ser invisible para todos, que en verdad les dio lo mismo dejarme ahí. Más coraje tuve cuando llegamos a México y una de mis compañeras fue retenida en migración/aduana o cómo se llame. En ese momento otros compañeros estuvieron al pendiente de ella. Yo honestamente me seguí de largo más dolida que antes. Ese viaje lo padecí más que disfrutarlo. Aunque me llevé lecciones valiosas, tuve una experiencia “bipolar”, entre la soledad y la curiosidad de conocer algo distinto.

No soy santa, no todos despierta mi lado sensible, eso es cierto, pero espero estar aportando al mundo un poco para aquellas personas que se han sentido solas, que han sido abandonadas o que nadie voltea a ver. Creo que ahí es donde nace mi inquietud por darle voz a quienes no la tienen. Aunque sea a cuenta gotas, espero dar un poco de lo que a mí me quitaron.

En fin, es de noche y descansar me hará ver la luz al final del túnel otra vez.

martes, 23 de octubre de 2012

La piedra blanda…

No sé cómo llegué a un video compilatorio de soldados sorprendiendo con su llegada a su familia. Los niños llorando, corriendo a abrazar a sus papás. Las madres y las esposas gritando, también llorando, incrédulas ante la sorpresa. Hasta perros saludando a sus dueños, moviendo la cola de un lado a otro sin parar. Escenas conmovedoras, escenas cómicas, escenas sobre el significado de ver al soldado llegar con vida del campo de batalla.

La cuestión es que después del primer video, decidí ver las otras tres compilaciones. Evidentemente es parte de una campaña de sensibilización tipo invitación a formar parte del ejército. Se trata de mostrar el lado “humano” de los que muchos podrían calificar (y me uno a ellos en ciertas ocasiones de notable indignación) de bestias sin corazón.

Para mí, los soldados y policías muchas veces son sinónimo de violencia, daño innecesario, insensibilidad ante el dolor humano. No logro entender cómo es que son capaces de agredir más allá de sus órdenes a una comunidad, a una población, a un individuo. Por ejemplo, no entiendo cómo un soldado es capaz de cubrir con su cuerpo a un niño, mientras otro abusa de una mujer.

Lo que me llamó la atención, y puede ser en parte mi sangre latinoamericana, es la forma en que corrían los niños en busca de su papá (sólo incluyeron a un par de mujeres soldados). Pensé en la familia, la preocupación de recibir la noticia de que murió su familiar, el hecho de saberlo lejos, pasando experiencias no tan agradables. En ese momento me pregunté si piensan en su familia cuando matan a alguien, cuando abusan de alguien, cuando están al frente en una guerra. Me conmovieron las escenas sí, sin embargo, no dejo de pensar en toda la violencia que los rodea.

Me conmoví hasta los huesos; pude observar sonrisas, llantos, sorpresa. Entonces recordé, ellos también sufren, ellos son parte de una sociedad, ellos tienen por quién preocuparse en casa… ¿será posible llegue el día en que la gente se niegue a dañar a otros pensando en sus seres queridos?

Me gusta fantasear.

sábado, 6 de octubre de 2012

De escritor en escritor... (después lo vuelvo a leer)


Los placeres en mi vida son pocos en realidad, cualquiera podría calificarla de aburrida porque no busco tener aventuras sin iguales o vivencias demasiado intensas.  Son las sutilezas aquellas que más disfruto: comer un delicioso helado en una tarde soleada, ir al cine a ver una película, escuchar música conmovedora o alocada según mi estado de ánimo, disfrutar mis series (con personas “reales” y de animación), leer un buen libro, escribir algo decente, volver a leer un buen libro y sumergirme en su realidad, convivir con mis amigos, con mi familia y de repente, si se puede, convivir con el escritor de algún libro que vale la pena.

Gracias a una amiga mía, comencé a asistir a un taller de creación literaria cuando aún era dueña de la mayor parte de mi tiempo. Adoré descubrir un sinfín de cosas para leer entretenidas, de confrontación, letras capaces de remover las entrañas de cualquiera. Lo sé, suena bastante exagerado, pero así lo sentí en ese momento. Honestamente después llegó un pequeño sentimiento de inferioridad porque en esos talleres se encuentran verdaderos talentos y en mi caso es más bien necedad. Aunque en realidad tampoco me encuentro en la calle de la amargura.

Uno de mis maestros se llama Arturo Santana, él es un poeta de Jalisco, maestro por vocación, respetuoso del estilo personal, en cada una de sus clases nos regalaba una perla de conocimiento. Tengo la extraña tendencia de escribir textos aún más extraños y la verdad, creo que él era de las pocas personas que comprendían el mensaje oculto de ellos, y sus recomendaciones me sirvieron en gran medida para mejorar.

Ayer, 5 de octubre de 2012 –por eso de ubicar al lector en un tiempo y un espacio- el maestro Arturo Santana presentó un libro, una antología de sus poemas. Honestamente a mí no me gustaba la poesía hasta que tomé ese taller. Además de mi libro firmado, con lo que me quedo de esa presentación se refiere a la parte irracional de escribir.

Escribir no sólo es poner una palabra tras otra, en busca de un cierto sentido, no. Para mí escribir es un verdadero desahogo, es encontrar aquello que me mueve profundamente y compartir mi visión a través de un papel. Tomaré un par de clichés para describirlo, aunque de forma un poco limitada. Es divertido “no saber a dónde te llevan los personajes”, es divertido tener esas cajas en el pensamiento que vas abriendo conforme te expresas, es más divertido si alguien más te lee y decide que vale la pena aquello que plasmaste.

No soy una escritora consagrada, ni tampoco un genio de las letras, pero creo firmemente que ellas ayudan a mantenerme un tanto cuerda. Ayer me emocioné mucho porque pensé en que debo buscar aquello que me apasione y escribirlo, aventarlo, evidenciarlo. No debo esconder mi propia voz.

Por lo pronto, pienso sentarme a leer un buen libro, disfrutar una taza de té y dejar que sus imágenes invadan mi mente.

viernes, 10 de agosto de 2012

El billete casi adoptado...


El día de hoy me pasó algo extraño. Como estoy cubriendo una suplencia en la preparatoria en la que solía trabajar de tiempo completo, he vuelto a la no tan sana (es más divertido gritar por el tráfico que caminar) costumbre de utilizar el camión. 

Cómo lo he hecho todos los días durante esta semana, tomo la ruta en frente de la escuela,  intento sentarme en el asiento más cercano a la puerta, o en su defecto  el más “cómodo” y me dispongo a disfrutar el trayecto de aproximadamente 15 minutos. Esta vez, encontré vacíos los asientes ubicados sobre las llantas y me pareció ver algo tirado. Cuando me senté, pude distinguir mejor un billete de $100.00… honestamente no sabía qué hacer.

Desde que era pequeña, no suelo recoger dinero que me encuentre en la calle. A veces se aparece alguna billetera o monedero ante mis ojos, si por casualidad lo tomó es para dejarlo en la administración. No quiero presumir de ser una santa al respecto, nada más distante de la verdad. La cuestión es que pienso en quien perdió eso.  Si estuviera en su lugar, agradecería mucho me lo devolvieran.  A veces, a pesar de ser una cantidad pequeña, el dinero o las cosas son el resultado de cierto esfuerzo. Perderlo puede ser “doloroso” por su valor sí, pero más por su significado. Sin embargo, estoy consciente de que esa forma de pensar la adopté ya siendo mayor.

Una vez, en un camión llevaba yo un billete de $200.00 (alrededor de $ 14.00 USD) en la bolsa de mi pantalón. Al momento de sacar mi celular para revisar la hora, el famoso billete cayó al suelo. Escuché a un par de muchacho decir “el billete”. Lo vi ahí tirado, nunca lo relacioné con el mío, y dada mi costumbre de no recoger dinero decidí ignorarlo, también porque pensé que pertenecía a los muchachos que lo señalaron. 
 
Esos  mismos jóvenes levantaron el billete, algo natural si era de ellos, y se bajaron en la siguiente parada. Para cuando decidí utilizarlo, no lo encontré por ningún lado. En ese momento me golpeó la imagen del dinero tirado en el suelo del camión. ¡Me robaron en mi propia cara!, ¿cómo pudieron hacer eso?, necesitados o no, la honradez es una cualidad altamente respetable y deseada en casos como ese. Cuando pienso en cómo me sentí, honestamente no me gustaría que otra persona pasara por lo mismo.

En mi opinión, un poco de amabilidad y cortesía no le haría daño a este mundo, al contrario, podría ser un lugar mejor para vivir.

Regresando al billete de $100.00, me animé a tomarlo para darme cuenta de que eran dos billetes. Entonces mi cabeza comenzó a revolverse toda,  ¿Qué tal si era el gasto de una pobre ama de casa?, ¿qué tal si era el pago a un servicio?,  ¿qué tal si era de algún otro peatón distraído?, ¿era mejor dárselo al chofer o esperar que alguien preguntara por él?

Pensé que si se lo daba al chofer, a lo mejor no lo regresaría a su dueño, a esa persona tal vez le sucedería lo que a mí. Y mientras sostenía el dinero, mi mano comenzaba a sentir mucha comezón, supongo señal de mi incomodidad. Pensé entonces, “Dios mío, si alguien pregunta por él gustosa lo devuelvo”. Después de pensarlo tres veces, subió al camión un chiquillo como de secundaria. Llegando un asiento adelante del mío se asomó al suelo, cuando llegó a mi fila, me pregunto de manera muy amable si había encontrado dinero tirado. Yo sonreí y le pregunté cuánto era, y me dijo que eran doscientos pesos. Entonces se lo devolví.

La verdad, quise deslumbrar un poco. Le dije que había tenido suerte de que yo lo encontrara y le pregunté cómo lo había perdido. Resulta que dos jovencitos se subieron al camión y ese dinero era para ir a comer pizza. Por alguna extraña razón, se le cayó el dinero a uno de ellos. Cuando se dieron cuenta, se subieron a un taxi y persiguieron el camión. Uno de ellos se subió para buscar el dinero porque el otro no tenía nada de cambio. El que subió, una vez recuperado el billetín, le hizo señas al otro para verse en la siguiente parada, apenas unos metros más adelante. El muchachito me dio las gracias después de escuchar mi a ver si tienen más cuidado varias veces.  Fue mi buena acción del día y me sentí bien de haber devuelto el dinero.

En cuanto regresé a casa, comenté a mi familia lo sucedido. Fue entonces cuando mi mamá me aclaró el misterio. La razón por la cual no levanto dinero de la calle, al igual que mi poco apego a las mascotas, es porque ella nos lo inculcó así, resultado de la educación de mi abuelita, aunque seguimos sin conocer sus razones para hacerlos de esa manera.  

Es curioso, algo tan simple como levantar un billete del suelo, viene acompañado de todo un universo de ideas, valores, creencias y programaciones parentales. En verdad, el ser humano es una de las criaturas más interesantes del universo.

domingo, 15 de julio de 2012

El luto se viste de resignación...


México está dividido, completamente fragmentando. Es un país herido y con mala memoria. Es un país en donde la gente se acostumbra a vivir mal: sin información, con crisis económica, sin seguridad. En mi país, por ejemplo, han muerto nueve periodistas en lo que va del año en el estado de Veracruz, lo cual es irónico siendo que en México las personas no poseen el hábito de lectura.
 
Hace poco vi un video en donde dice que la gente teme a su gobierno cuando es el gobierno quien debería temerle a la gente. ¿Por qué  hablo de esto?, pues bien, el 1o de julio participé en las elecciones como funcionaria de casilla, lo cual al principio no me había encantado para nada. Estaba demasiado preocupada por estudiar mi propedéutico para la maestría como para dedicarle mucho tiempo a la lectura de los manuales de las elecciones. Afortunadamente mi curso terminó días antes del proceso electoral y después pude enfocarme en ellas.

En mi caso fue una tarea sencilla, ocupé el rol de escrutador, es decir, quien hace las cuentas. Llegué un poco tarde a la cita, apoyé en todo lo que pude y pasé mucho tiempo parada, ayudando a organizar a los votantes. En mi colonia, la gente suele ser participativa y tranquila para votar. Tuvimos un 80% de participación, lo cual va por arriba de la media nacional. Querétaro, la ciudad en donde vivo, obtuvo cerca de un 70% de participación ciudadana, sobre el 63% de participación a nivel nacional.

La casilla estuvo llena de observadores y representantes de partido. Todos al pendiente de la limpieza del proceso. Pero como dijera una de ellos, nos tocó la película bonita con un final feliz. Me gustó ver el compromiso de los ciudadanos al hacerse cargo de su rol, la importancia de estar dentro de la casilla, el hecho de encontrar vecinos agradables, colaborativos. Nos proporcionaron un pequeño pago para comer, pero la verdad, es simbólico pues la responsabilidad es enorme. En mi colonia no hubo incidentes, sin embargo, en otro tipo de colonias, en otros estados, el proceso estuvo plagado de anomalías e irregularidades a las cuales la H. institución del IFE simplemente decidió ignorar.

PRI vs PRD, la oligarquía (gobierno para beneficiar a un grupo privilegiado) vs la alternancia de la izquierda. Era una discusión que se veía venir, y al final, con todo el aparato que los caracteriza, ganó la oligarquía, regresó la dictadura perfecta a mi país. El resultado no me gustó, por eso estuve de luto como tres días. La verdad. Enrique Peña Nieto dista de ser un gobernante deseable: Inculto, intolerante, misógino, poco hábil para el manejo de crisis. Después me resigné porque yo sí viví con el aparato detrás del PRI y al parecer México, aunque está cambiando, todavía es joven, no está listo para dejar a un lado "lo malo por conocido".

No todo está perdido, algo interesante es el movimiento estudiantil llamado #Yo Soy132, en donde ya se organizaron para difundir información en medios de comunicación “alternativos”. Se dedican a movilizarse, documentando todo lo que hacen, para después darlos a conocer a través de las redes sociales. Debo aceptar que me emociona mucho porque yo sí fui de esas estudiantes apáticas con la política. Iba a votar porque era lo que se esperaba de mí, era parte de mi rol como ciudadano, sin estar realmente convencida de hacerlo. Ahora en cambio, aprecio la importancia de que en México la gente comience a ser consciente de su poder en las urnas. Me gusta ver el interés de muchos jóvenes en la información, me gusta ver cómo comienza a germinar la semilla del compromiso dentro de ellos. Me divierte ver que no pueden parar el cambio los políticos, porque el cambio, lo comprendo ahora, se da en cada ciudadano. 

Como dije, creo que México todavía está en pañales y tal vez no esté listo para asumir la verdadera responsabilidad de una evolución, de una alternancia. Todavía hay mucho que aprender pero ahí la llevamos. Yo sólo espero que no nos vaya tan mal con nuestro ahora presidente y que esta famosa “primavera mexicana” no se quede en el olvido.