miércoles, 5 de abril de 2017

La rutina sonámbulo...



Supongo que si alguien se toma la molestia de leer mis entradas, habrá notado que fueron disminuyendo en cantidad y contenido. Yo podría decir que es me he sumergido en tantas actividades, que me ha sido imposible alimentar frecuentemente este mi experimento literario. Mi realidad es que entré en una rutina de esas asfixiantes para una linda geminiana. 

De pronto, me levanto, me baño, me arreglo, salgo a trabajar, regreso a casa, duermo cansada. Las variantes más interesantes consisten en ver a algunos amigos; criticar de vez en cuando al jefe; disfrutar alguna película como enana.

Me transformé en una sonámbula. Otra vez mis ojos están cerrados, no soy capaz de observar lo que hay a mi alrededor. De igual forma, mis emociones se durmieron. De esta manera, hacer una entrada como esta, significa el triple de esfuerzo (obvio hay que dramatizar un poco con el afán de hacerlo más interesante); cambiar mi rutina significa perder por completo mi concentración; sentir curiosidad es más bien nostálgico.

Así como llegué, supongo, puedo encontrar el camino de salida. El primer paso es retomar actividades que me emocionaban antes. En otras palabras, ya no es elegir una película porque ir al cine se hizo costumbre. Es cantar las canciones del musical, es suspirar al perderse en los ojos del estelar, es reír a carcajadas. También ayuda hacer cosas inusuales como visitar un circo de malabaristas.

El camino de entrada fue largo, lo mismo será el de salida. Aquí lo importante es despertar del sueño, activarse y recuperar la curiosidad innata de los niños; las ganas de ser diferente o sentir con intensidad. Es apasionarse, ser ambicioso, es mantener los ojos bien abiertos para que las musas hagan su parte y me llenen de inspiración.  

jueves, 7 de julio de 2016

Aquello llamado proyecto de vida...



Mi hermana se la pasa viajando la mayor parte del tiempo, también es normal que se la pase hasta tarde desarrollando sus famosos entregables, es consultora por cierto. Le va bastante bien, la verdad es que se puede dar algunos lujos como viajes a lugares exóticos pero muchas veces le he bromeado que si estuviera casada, ya la habrían divorciado, eso lo pienso cuando paso por ella y todo el trayecto lo utiliza para atender múltiples llamadas de sus subordinados. Le encanta mandar, es leo. 

En mi caso, he decidido ser un poco menos afortunada con el sueldo, la verdad es que siempre lo ando estirando (debo aceptar que poco tiene que ver con una situación precaria, lo que sucede es que me doy lujos que no puedo pagar si no es con un crédito, como la mayoría de las personas en este país hermoso), porque prefiero tener más tiempo para mí. Tiempo para ver televisión, ir al cine, salir a tomar el café o bien, para practicar el hermoso arte del ocio. En mi caso, me sienta mal el estrés, no sé manejar la presión. 

Precisamente hoy, un maestro dio una plática sobre incertidumbre laboral y decía que el equilibrio entre la vida personal, el trabajo, la familia y las expectativas de vida pueden ser una misión imposible. Y es verdad, mis expectativas han sido derrumbadas varias veces. El diablo se ha dedicado a descomponer por completo mis planes de vida. Podría enforcarme en todo lo que no he obtenido en este tiempo, sin embargo, haré un ejercicio optimista, en donde piense en mis pequeños logros como grandes triunfos. 

Ciertamente no estoy casada a mis 37 años, no tengo hijos, apenas me hice de un trabajo estable con algunas prestaciones. Mi patrimonio consiste, básicamente, en mi educación, mis libros y mis juguetes tecnológicos a los que he bautizado como “herramientas de trabajo”. Es hora de sentar cabeza… dicen. A cambio de eso, he trabajado en lugares donde aprendí mucho, he desarrollado conexiones, me he ido de fiesta, he crecido como persona. Estoy en vías de volverme alguien culto. Estudié mi maestría, he podido viajar y estudiar en el extranjero, he conocido otras culturas, su comida, su baile, su idioma. He volado con el tiempo, me han roto el corazón, he comprobado de lo que soy capaz para cuidarme. En pocas palabras, he vivido. 

Me encantaría cumplir con todas las cosas que esperan los estudiantes actuales, al menos según el maestro: Buen trabajo, con un ingreso excedente, familia, vida personal y fama. Ciertamente es complicado. Le concedo razón es su conclusión. Es importante enfocarse en un aspecto realista al cual podamos sacarle provecho y sentirnos bien. Así que ahora decreto que he de sentar cabeza, he de comenzar un ahorro y he de vivir tranquilamente en un lugar… tal vez en algún momento de la vida. Por lo pronto, a crecer, a aprender y a divertirme.

lunes, 25 de abril de 2016

Sentirme



Hoy quisiera sentirme poeta, de esos que logran perderse en el infinito de sus propios pensamientos. Quisiera ser los suficientemente romántica como para revivir una realidad alterna más común, más tranquila, más sin chiste. Y es que, según dicen, los golpes de la vida te hacen grande, los golpes de la vida te hacen apreciar aquello que es lo más valioso, aquello no material más importante. 

Hoy quisiera ser una de esas guerreras aferradas a la vida, que no se conforman con haber nacido para ver qué pasa. No, quisiera ser una de esas guerreras que poseen magia en su interior, que son capaces de crear mundos, de cambiar mentes, de tocar el cielo con la fuerza de su voluntad.

Sé que el mundo está delante de mí, sé que está ahí abriéndome los brazos, esperado que le haga caso. Pero el mundo, también, me rechaza, me hace sentir que soy y no soy parte de un plan maestro. Quisiera conocer ese plan maestro para entender mi papel en esta obra absurda.

¿Puede haber más absurdo que el intento ingenuo de simplificarlo todo a un puñado de explicaciones y leyes?, Es absurdo querer encerrarse en lógicas cuando todo es una paradoja extraña, una paradoja que precisamente es hermosa por caótica.

Hoy quisiera ser capaz de leer todas las señales de los campos. De traducir los olores, de entender los colores, de tener ojos en la mente. Quiero conocer mi futuro y a la vez prefiero estar protegida por la ceguera del tiempo. Hoy quisiera ser capaz de fraccionarme y regenerarme. Hoy quiero ser todo y nada.

Hoy... quisiera sentirme poeta.

lunes, 8 de febrero de 2016

El juego de la apatía



Es difícil pensar, diseñar y ejecutar. La indiferencia  se vuelve un mal hábito y el secreto está en la voluntad y la pasión.

¿A dónde huyó la mía?

sábado, 10 de octubre de 2015

El estrés como parte de la vida.



Hace tiempo un doctor me dijo, y no estoy muy segura si me lo contaron o lo leí, mi memoria traicionera no ayuda, que el estrés era bueno porque ponía a la persona en estado de alerta y la ayudaba a huir de sus depredadores. En otras palabras, era un mecanismo de supervivencia para los hombres primitivos. El estrés se iba porque ellos        tenían mucha actividad física que los ayudaba a relajarse, por así decirlo. En la actualidad en cambio, el estrés sigue siendo el protagonista de una vida descrita como “moderna” en vías de buscar el “progreso”, lo que eso quiera decir.

Se habla de la calidad de vida como un concepto más bien abstracto. La tecnología se supone es una extensión del ser humano cuya finalidad es facilitar su vida, sin embargo, el abuso de la tecnología ha hecho que se acorten las distancias y por lo tanto el concepto del espacio se desvanezca, al desaparecer ¿qué pasa?, sencillo, el tiempo se vuelve más abstracto y entonces si tienes un trabajo de ventas, por citar un ejemplo, debes estar disponible a todas horas, uno nunca sabe cuándo puede llegar un cliente. O bien, si eres un director de empresa, todo puede salir mal en cualquier momento, hay que estar disponibles. Peor aún si se trata de una empresa trasnacional, con las videoconferencias hay que hacer juntas a nivel internacional con el horario del otro país, por citar algunos ejemplos.

La tecnología en sí misma ha cumplido su función, el uso que se le ha dado es otra historia. Así que, estando conectados todo el tiempo, más al pendiente de abarcar mucho en poco tiempo, el estrés se ha vuelto parte de la vida de todos. El problema es que un estrés prolongado, en vez de ser un estado de alerta para la supervivencia se transforma en desgaste emocional. 

Si eres una persona sana, haces ejercicio, sales con tus amigos o le gritas al vecino y no pasa de ahí. Pero qué sucede cuando eres una persona que no ha logrado desarrollar una forma de canalizar el estrés. El desgaste se acumula manifestándose de formas no del todo sanas. El cuerpo somatiza los males de la mente, el cuerpo se enferma.

Se dice que el éxito va de la mano con lujos, una buena posición y una vida algo superficial, deseable sí, aunque superficial. Poco se habla de la importancia de sentirse bien, pleno, aunque sea con una forma de vida diferente a la mayoría, es decir, una forma de pensamiento donde el progreso no quiera decir necesariamente mucho dinero o una vida de revista. 

Cuando comencé a asistir a congresos con feministas, ellas me hicieron caer en cuenta de algo. Se nos ha enseñado que el trabajo que vale, que las actividades que valen son las que producen dinero. El dinero produce poder adquisitivo, a mayor poder adquisitivo mayores posibilidades de obtener y acumular cosas. ¿En realidad es tan necesario ir por la vida comprando?, no voy a negar que me encanta tener la posibilidad de comprar cualquier cosa, me encanta tener la posibilidad de ir a cualquier lado o darme ciertos lujos, sí, me encanta, pero ¿en realidad es algo que me satisface más allá del momento en que lo disfruto?

Sin darme cuenta, he acumulado estrés por un poco más de un año. Siempre poniendo otras prioridades a mi salud mental, dejé de hacer cosas que me gustan, cosas tan simples como ver a mis amigos, ir al cine, leer un buen libro (y no solo otomes), escribir. Olvidé todas esas actividades que me hacen sentir satisfacción, dejé que mis frustraciones se fuera metiendo en mi cabeza hasta volverse parte de mi día a día. Ahora me está cobrando la factura y estoy molesta. 

Darse cuenta del desgaste puede ser complicado, al menos en mi caso, aceptar el cómo me siento y el por qué me siento así es un camino que apenas comencé. Hasta que logre dejar salir todo lo negativo podré darle lugar a lo positivo, así que como primer paso decidí utilizar la tecnología a mi favor. Haré cosas que no son productivas porque no generan dinero pero sí satisfactorias. Así que trataré de seguir con mi ejercicio de redacción en forma de blog, ir al cine, salir con mis amigos, seguir con mi francés, aprovechar el mundo de información que puedo explorar y curiosear a mi antojo. Intentaré aplicar esa técnica de por cada pensamiento negativo en mi cabeza, lo cambiaré por uno positivo. Tal vez así nacieron los optimistas.